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Héctor Pinto: “Volví de México para dirigir un equipo de Primera”

26 Mar

Se fue por un año a organizar las series menores del Cruz Azul y se quedó por casi cuatro. Ahora cree que ya es tiempo de dar el gran salto.

 

Por Eduardo Bruna

“No me cierro a la posibilidad de trabajar en series menores, pero mi objetivo al venirme de México fue ver la posibilidad de dirigir un club de Primera”, dice Héctor Pinto, sentado en una terraza del Stadio Italiano en un mediodía que, empinándose por sobre los 30º, nos deja en claro que aún tenemos clima veraniego. Con el campeonato en marcha sabe que es difícil, sobre todo para él, que siempre fue de bajo perfil, enemigo de las estridencias y de la sobreexposición, pero confía en que su reconocida trayectoria como técnico formador y campeón con la U, en 2004, le abran esas puertas que él, por su forma de ser, jamás irá a golpear.

Dice: “Es curioso, pero tras retirarme del fútbol, en 1985, dirigí a Unión Española durante dos temporadas y posteriormente a Universidad de Chile, entre 2004 y 2005. Y sin embargo, a pesar de haber sido campeón en mi primer año en la U, pareciera que todos me etiquetan más como entrenador formador que como técnico capacitado para dirigir un primer equipo. Entiendo que eso puede jugar en contra de los planes que me hice a mi regreso de México”.

Pero Héctor, por algo Cruz Azul te llevó a organizar lo que los mexicanos llaman las “fuerzas básicas”…
Es verdad, pero después de haber estado casi cuatro años en México, ocho en Universidad Católica y otros tantos en la U dirigiendo chicos, yendo y viniendo, yo me siento absolutamente capacitado para saltar de las series inferiores a dirigir un equipo de Primera.

No creo que tu capacidad esté en duda. No cuando has tenido a tu cargo, además, varias selecciones nacionales sub 17 y sub 20 y hasta ganaste, con una sub 23, el derecho a competir en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000…
Es de esperar (sonriendo)… Lo que pasa es que en Chile somos los campeones de las etiquetas, y cuesta sacárselas. Acá existen los técnicos considerados ofensivos, defensivos, astutos e incluso ratones. Y ocurre que en la mayoría de los casos la etiqueta no tiene mucho que ver con el producto.

¿Cómo es que partes al Cruz Azul mexicano?
A poco de llegar a México, a hacerse cargo de la gerencia deportiva del Cruz Azul, Alberto Quintano me llamó para ofrecerme que me hiciera cargo de organizar las series inferiores del club. Hasta ese momento, te hablo del año 2009, los mexicanos tenían series menores, pero sólo funcionaban relativamente bien la Sub 17 y la Sub 20. Y digo relativamente porque, si bien competían y tenían una organización bastante incipiente, se trataba de equipos amateurs que competían también en forma amateur. De hecho, no existía el campeonato que existe ahora, que corre a la par con el de los primeros equipos. Si ahora en una fecha le toca enfrentarse al América con el Atlas, por ejemplo, también juegan entre sí las fuerzas básicas de ambas instituciones, y eso corre para todas las series.

¿Te costó aceptar el ofrecimiento?
No, porque entre otras cosas no tuve mucho tiempo para darle vueltas a lo que se me proponía. Alberto me llamó un lunes y me dijo que si yo aceptaba tenía que viajar de inmediato, porque ya el miércoles se iba a realizar la reunión directiva para echar a andar el proyecto. Acepté, los pasajes me llegaron en cosa de horas y yo, que en principio iba por un año, me quedé casi por cuatro.

¿Y fue difícil?
No, para nada. Si algo hay en el fútbol mexicano es plata. Lo que pedí me lo dieron y en cuanto al material humano, ni hablar. Con casi 120 millones de habitantes y una afición por el fútbol que aumenta día a día, captar buenos jugadores no es para nada traumático. Con decirte que tras un año de trabajo, nada más, ya promovíamos ocho juveniles al primer equipo.

¿Y entre ellos varios que se pueden calificar como cracks?
Por supuesto. Para muestra basta con dos nombres: Javier Aquino, delantero, que acaba de ser transferido al Villarreal de España en una millonada, y Néstor Araujo, zaguero central que ya fue medallista olímpico. Pero como ellos vienen varios. Y como todos los clubes tuvieron que tomar en serio a sus fuerzas básicas, no es de extrañar que los mexicanos hayan ganado el oro olímpico en Londres, venciendo nada menos que a Brasil, y que ya hayan sido dos veces campeones del mundo con la Sub 17. Aparte, compiten donde sea y las selecciones tienen prioridad sobre los clubes. Con decirte que Las Chivas de Guadalajara tuvieron que afrontar una liguilla sin siete de sus figuras, por estar en la selección mayor. Y nadie protesta, porque las reglas están claras y corren para todos.

¿Y la adaptación, te costó? Salías por primera vez a trabajar fuera y sin la familia…
Profesionalmente, no. Como te decía, el club me dio todo lo que pedí y formé un cuerpo técnico muy completo y calificado. Desde mi puesto de gerente de Formación Técnica, que así se denominaba mi cargo, estaba a cargo de todo y contando con un buen equipo el trabajo se hizo fácil. Humanamente ya fue más complicado. Mi señora, Maureen Bontá, no pudo viajar conmigo y uno extraña. Mal que mal, ya van a ser casi 40 años de matrimonio… Pero soslayábamos la ausencia hablando todos los días por teléfono, viajando yo a Chile un par de veces en el año o yendo ella a México. Pero lo pasé bien. Me sumergía en mi trabajo y no sufrí tanto con los atochamientos vehiculares infernales de Ciudad de México. La pasé mal, eso sí, cuando un par de veces me asaltaron.

¿Dos veces?
Sí, dos veces, aunque la segunda no fue tan terrible. Paseaba con mi señora, que había ido a visitarme, cuando en un lanzazo me despojaron de unas cadenitas de oro. Me pasó por pajarón. No debí ponerme esas cosas al cuello y no debimos irnos a meter a ese sector, que es bravo. La primera, sí, fue terrible. Estuve a segundos de que me acribillaran.

¿Tanto así?
Claro. Recuerdo que cobré uno de mis primeros cheques y un amigo me fue a dejar al departamento donde vivía, porque yo todavía no me compraba auto. Parece que desde el mismo banco me siguieron, porque no hago más que bajarme cuando dos tipos en motocicleta intentan arrebatarme el bolso donde llevaba todo. Enseres personales, documentos, el dinero… todo. Me habían dicho que, en caso de algo así, no opusiera resistencia, pero fue tan sorpresivo que instintivamente intenté defenderme. El tipo me gritó ¡entrega el bolso, cabrón! y no dudó en pasar bala. Frente a eso no había más que hacer. Unos segundos más y el tipo me dispara. Allá todos andan armados, y no para amedrentar.

¿Siempre estuviste al tanto del fútbol nacional?
Siempre. Y aunque me gustó mucho la U de Sampaoli, nunca dejé de preocuparme por mis otros amores. Porque para mí, tan queridos como Universidad de Chile lo son Colo Colo, Universidad Católica y Unión Española, clubes donde estuve ya sea como jugador o como técnico.

Esa es una declaración que se va a tornar incomprensible para la odiosidad que se ha ido creando entre los hinchas albos y azules, sobre todo…
Es lamentable hasta el nivel de violencia que hemos llegado. Yo pasé de la U a Colo Colo, en 1977, y nadie me insultó ni me fue a apedrear la casa. Había rivalidad, pero no odiosidad. De hecho, las veces que enfrenté a la U celebré con todo los goles que le marqué, porque siempre supe que uno se debe al club que le paga. Los pocos momentos que podría considerar difíciles, con la perspectiva del tiempo son apenas una anécdota.

¿Recuerdas algunos?
Cuando llegué a Colo Colo yo seguí vistiendo poleras o camisas en tonos azules, no porque quisiera demostrar que seguía siendo hincha de la U, sino simplemente porque siempre me han gustado las prendas de ese color. Recuerdo que la jefa de la barra, Celia Gaona, me dijo que mejor buscara otros colores. Otra: en mi auto yo tenía un chunchito que me había regalado Mario Maldonado, ex jugador de la Católica y Unión Española que después se fue a México, a jugar por la Universidad Autónoma de Guadalajara. Y como casi todas las casas de estudios superiores, los Tecos tenían como insignia el famoso chunchito, símbolo de la sabiduría. También tuve que sacarlo después que me apretó la misma Celia Gaona. Pero aunque a lo mejor equivocadamente lo tomó a mal, todo fue sin insultos ni amenazas. Después de eso tuve con ella y con los hinchas la mejor de las relaciones.

Si tomas un equipo de Primera, ¿cómo te gustaría que jugara?
Me gusta jugar con cuatro en el fondo, pero de allí en adelante para mí el esquema es lo de menos. Lo importante es jugar bien al fútbol, y eso para mí se logra marcando a presión en toda la cancha. Lo ideal es que se trate de un equipo corto, donde no haya mucha separación entre las líneas. Con la pelota en poder de mi equipo, trato de que al área rival se llegue rápido y mejor si es por las bandas. La marca, la velocidad y la sorpresa son vitales en el fútbol de hoy. Los equipos que se arrastran no sirven, no le ganan a nadie.

Por eso te gustó la U de Sampaoli.
Claro que sí, porque desarmaba al rival con su pressing y llegaba al área rival con dos o tres toques y con cuatro, cinco y hasta seis jugadores en posición de gol. Vi a la U contra Newell’s, en Santiago, y ya no es lo mismo. Se está buscando otra forma, tan respetable como cualquiera. En ese partido fue el cuadro rosarino el que me llenó el gusto, obteniendo, de paso, una victoria absolutamente justa y merecida”.
“Nelson Acosta está más que capacitado para entrenar a Colo Colo”
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Entre sus varias experiencias como seleccionador nacional de menores, el Negro Pinto tuvo la oportunidad de trabajar y de convivir muy de cerca con Nelson Acosta, quien, tras el despido de Omar Labruna, asoma como una de las cartas para asumir la banca de Colo Colo.

-Tú conociste de cerca a Acosta. ¿Crees que sea un buen candidato para dirigir a Colo Colo?
Nelson es un tipo de mucho recorrido y experiencia, que ha sido campeón varias veces y hasta tiene el Mundial de Francia en su currículo. Por supuesto que es un profesional muy calificado. De llegar a Colo Colo, como se rumorea, no tengo dudas de que le va a ir bien.

¿Cómo podrías calificarlo? ¿De estudioso, de estratega?
Nelson es astuto, sabe sacarles partido a los jugadores que elige. No lo calificaría como un estudioso, en el sentido de que no se preocupa mucho del rival ni de los jugadores del equipo contrario, pero es vivo para detectar las debilidades del adversario y para hacer las modificaciones necesarias cuando ve que su equipo no está jugando como él pretende. Es, además, un técnico que sabe cómo motivar a sus jugadores.

Tras clasificar a la Sub 23 en el Preolímpico de Londrina, en Sydney fuiste ayudante de Acosta. ¿Qué recuerdas de ese torneo en Brasil?
Jugamos la primera fase y no nos fue como esperábamos. Empatamos frente a Brasil y luego les ganamos a Ecuador y Venezuela. Un empate nos clasificaba a la siguiente ronda, pero hicimos un partido desastroso y caímos por 5 a 1 frente a los colombianos. Para seguir en carrera necesitábamos que Brasil lograra frente a Colombia una goleada de 7-0. Eso parecía imposible. Tanto, que hasta empezamos a hacer maletas. Hasta apuramos el regreso de dos jugadores que Acosta tenía considerados para la selección mayor. Increíblemente, Brasil aplastó por 9-0 a los colombianos.

Clasificar a los Juegos Olímpicos también fue de película.
Claro, porque en la segunda fase vencimos 4 a 1 a Uruguay, pero después perdimos por 3 a 1 con los brasileños. Para clasificar necesitábamos ganarle en el último partido a Argentina, que tenía un equipazo. Pekerman contaba con cracks de la talla de Riquelme, Saviola, Aymar y Cambiasso, entre otros. En el papel no había por dónde, pero a cuatro minutos del final Tello le pega con el alma, el arquero argentino Cristián Muñoz, que después vino a Chile a jugar por Huachipato y Colo Colo, da rebote y Navia, que hacía pocos minutos había entrado por David Pizarro, hizo el gol que nos llevó a Sydney. Los argentinos no podían creerlo. Y, la verdad, a nosotros también nos costaba.

Chile en Sydney ganó el bronce, pero hay consenso de que nunca se estuvo más cerca del oro.
Es verdad. Tras una buena primera fase, en que derrotamos a España y Marruecos, eliminamos a Nigeria en cuartos y en semifinales nos tocó Camerún, que venía de dejar en el camino nada menos que a Brasil. Pocas veces he visto una farra como esa. Con Nelson, que tomó el equipo para esa competencia, no podíamos creer la de goles que nos perdíamos, uno tras otro. Así y todo, nos pusimos 1 a 0, pero faltando seis minutos para el final Camerún nos empató y luego, con un penal sobre la hora, nos relegó a la disputa del bronce frente a Estados Unidos. Superando a Camerún, no tengo dudas de que en la final le habríamos vuelto a ganar a España, porque éramos mejor equipo.
Campeón con los azules. “Lo de Calama fue milagroso”

Héctor Pinto, que siempre considera a Nelson Oyarzún como un técnico vital en la explosión de su carrera, recuerda que “a pesar de haber jugado en la U y Colo Colo, nunca fui campeón ni me pude dar el gusto de jugar una Copa Libertadores de América”.

Pasaste de la U a Colo Colo en 1977, en una cifra récord para la época. ¿Por qué crees que no anduvo ese equipo que tuvo a Ferenc Puskas en la banca?
Colo Colo fue intervenido en el gobierno militar y al club llegó mucha plata. Se contrató a un montón de jugadores y se trajo especialmente a Puskas, una figura de nivel mundial tanto en su selección (Hungría) como en el Real Madrid. Pero Puskas no conocía el medio y además nunca dio con el equipo. Aparte, no siempre un gran jugador llega a ser un buen técnico.

El plantel pudo apreciar, bien de cerca, lo grandioso que fue Puskas como jugador.
Claro, si viejo ya, y gordo, la ponía donde quería. Se ponía a patear desde fuera del área y de diez pelotas metía nueve. Y a pedido. ¿Dónde la quieren? preguntaba. Y cuando nosotros le gritábamos a la derecha, en el rincón bajo, no le costaba nada darnos en el gusto. De repente hasta nos acomplejaba (riendo). El único que podía hacerle competencia era Juan Carlos Orellana, otro que también le pegaba como los dioses.

Con la U te diste el gusto de ser campeón como director técnico.
Ese año 2004 en el papel no teníamos equipo para ganar nada, pero igual había que pelearla. Recuerdo que a la liguilla final nos metimos últimos, casi por la ventana. Con mucho esfuerzo llegamos a la final, frente a Cobreloa, que se sintió campeón tras el empate a cero del Nacional. Para el partido en Calama nos dimos cuenta que, bajo la camiseta, todos los jugadores llevaban una polera que decía: Cobreloa, campeón. Y eso nos dolió tanto, que nos propusimos aguarles la fiesta, aunque tuvieran que sacarnos muertos de la cancha.

La famosa historia del patito feo.
Claro. Para motivarnos recuerdo que poníamos un pato de papel todo desarmado en el camarín de cada partido, jurando que, al final, el patito feo se iba a convertir en cisne. Cuando tras empatar 1 a 1 le ganamos la definición a Cobreloa por penales, sentí que con ese título, conseguido con más corazón que fútbol, en cierta medida me rehabilitaba con la U, a quien nunca pude darle un título como jugador.

vía El Gráfico Chile.

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Publicado por en 26 marzo, 2013 en Deportes, Futbol

 

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