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Sorpresa evolutiva: Las bacterias tienen olfato

24 Jul

Pies hediondos, basura apestosa, queso fétido: algunos de los olores más intensos del mundo son producidos por las bacterias. Los científicos han descubierto que los organismos monocelulares tienen sus propias «narices», por lo que pueden percibir olores.

Estudios de dos especies de bacterias de tierra demostraron que ambas colonias podían detectar el olor del amoníaco en suspensión.

«El amoníaco es la fuente de nitrógeno más simple que necesitan las bacterias para crecer» comenta el coautor Reindert Nijland, responsable de la investigación en la Universidad de Newcastle de Reino Unido.

«Si pueden sentir el amoníaco y migrar de alguna forma hacia esa fuente, sería muy beneficioso».

De hecho, al exponer a las colonias bacterianas al gas amoniacal en el laboratorio, las células individuales de cada especie se unieron para formar una «biopelícula» viscosa.

La formación viscosa se redujo a medida que ambas colonias rivales se separaron, lo que sugiere que la reacción es un intento de despliegue preparatorio para luchar una guerra territorial con competidores cercanos, por el acceso al amoníaco.

Este descubrimiento demuestra que las bacterias utilizan al menos cuatro de los cinco sentidos. Además del olfato, los organismos responden a la luz (vista), al contacto físico con otros de su especie (tacto) y al contacto directo con químicos (gusto).

¿Fueron las bacterias los primeros organismos en desarrollar el olfato?

Nijland y sus colegas todavía no han encontrado la nariz bacteriana, pero los científicos piensan que debe de ser un sensor proteínico de la pared celular que se enlaza de alguna forma con los químicos suspendidos en el aire.

Descubrir la forma en que las bacterias olfatean puede ayudar a los científicos a controlar las biopelículas. Tales viscosidades nocivas son un riesgo importante para la salud, comenta Nijland, que ahora trabaja para el centro médico universitario de Utrecht en los Países Bajos.

Las biopelículas fomentan las infecciones persistentes, ya que estas viscosidades protegen a las bacterias de los antibióticos y de los ataques del sistema inmunitario humano.

«En el hospital encontramos diariamente películas patógenas bacterianas adheridas a todo tipo de implantes artificiales, como las válvulas cardíacas, lo que representa un grave problema sanitario», añade.

En un sentido evolutivo, el hallazgo también demuestra que las bacterias son un ejemplo de como los seres vivos aprendieron a olerse entre sí.

«Por mucho tiempo existió la creencia de que el olfato sólo existía en organismos complejos, pero en los últimos dos años se ha demostrado que la cándida y el moho también pueden oler», continúa Nijland.

«Ahora vemos que las bacterias son capaces de hacer lo mismo, lo que indica que dicha habilidad puede haber evolucionado incluso antes».

vía National Geographic.

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Publicado por en 24 julio, 2013 en Ciencia y Tecnología, Tecnología

 

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