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‘Marte es la nueva luna’

06 Ago

La astronauta y doctora Yvonne Cagle está trabajando un paso más adelante que el Curiosity: estudiando las condiciones que permitirán que los humanos lleguen a la superficie marciana. Una meta crucial, dice, porque, tal como antes lo hizo la carrera por llegar a la Luna, impulsa el desarrollo de tecnologías y la construcción de un conocimiento útil en nuestro propio planeta.

“Estamos evolucionando en nuestra expertise global. Y lo realmente excitante es que la Tierra puede transformarse en una plataforma de demostración para el espacio, podemos probar nuestras estrategias acá y obtener beneficios inmediatos”.

Yvonne Cagle dictó una conferencia en el evento TEDxBrussels en 2012 (disponible en YouTube).

De alguna manera, Yvonne Darlene Cagle quiso hacerlas todas. Y quién podría culparla: ha sido bioquímica, doctora, miembro de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y astronauta e investigadora de la NASA. Querer explorar el espacio en persona era una ambición para nada descabellada, una meta irresistible una vez que probó la que describe como la sensación más satisfactoria que el cuerpo humano puede experimentar. “No hay nada como flotar. Es una forma maravillosa de conectarse con el centro de lo que uno es, es una manera de hacer que todos tus sentidos despierten, estén vivos”, dice al teléfono desde su laboratorio en el Centro de Investigación de la NASA en Ames, California, recordando sus experiencias en un simulador. Ese “espacio en la Tierra”, le ha traído un trozo del rompecabezas que ella no ha ido ni irá a buscar.

Sus misiones justamente han tenido mucho que ver con conciliar en este planeta el choque entre dos espacios: el exterior, de las estrellas y los planetas por explorar, y el interior, el de los músculos, huesos y órganos de los astronautas. Una mezcla que no siempre es tan placentera como la sensación de flotar.

“Prácticamente todo el cuerpo humano tiene que readaptarse cuando cambia la gravedad del entorno”, explica. “Cuando estás en la Tierra, la fuerza de gravedad hace que estés constantemente ejerciendo resistencia y eso mantiene tus músculos y tus huesos tonificados, y mantiene la condición de tu corazón. Cuando vas a un ambiente con menos gravedad, tus músculos y tus huesos lo resienten al cabo de un tiempo; pierdes fuerza muscular, pierdes densidad ósea, y tu condición cardiovascular comienza a debilitarse”.

Es el espacio donde la doctora Cagle se ha hecho experta. Ha colaborado en el Longitudinal Study of Astronaut Health, programa de la misma agencia estatal lanzado en 1992 para investigar la incidencia y causalidad de enfermedades agudas y crónicas de quienes viajan al espacio, como también su mortalidad. Su especialidad en telemedicina espacial es, en consecuencia, muy valiosa cuando se trata de considerar no sólo la preparación y rehabilitación de los astronautas que viajan al espacio, sino también en la preparación de quienes eventualmente lleguen a conquistar la última frontera: Marte. Mientras sobre la superficie de ese planeta el Curiosity es el último de los robots recorriendo el terreno, sobre la superficie terrestre están preocupados de los primeros humanos que viajen. Es lo que anima la misión HI-SEAS (Hawaii Space Exploration Analog and Simulation), de la que Cagle forma parte como investigadora: consiste en simular en esas islas del Pacífico las condiciones necesarias para la adaptación y supervivencia humanas en Marte, desde los aspectos fisiológicos a otros igual de cruciales, como la alimentación.

Cagle ya no será parte de los elegidos para llegar a Marte, pero es parte de una tarea tanto o más trascendente e ineludible: la construcción del conocimiento científico necesario para ello.

-Entonces una misión triupulada a Marte es inminente…

-¡Absolutamente! De hecho, estamos creando las tecnologías, la propulsión, la estrategia para Marte. Y cada día estamos un paso más cerca. Por eso tenemos que empezar a prepararnos y a lidiar con los obstáculos finales: por un lado, la radiación, cómo nos preparamos, cómo nos protegemos de ella o diseñamos una intervención que permita la exposición humana. Otro gran desafío, por supuesto, es el síndrome de adaptación al espacio, para los músculos, huesos y el sistema cardiovascular. Y hay otro obstáculo muy importante que debemos resolver, y ése es el factor psicológico: cómo interactuar para que el trabajo sea exitoso y productivo en un período muy largo de tiempo dentro de un volumen reducido, ya sea una estación espacial o un vehículo, si estás haciendo exploración de superficie.

-¿Por qué es importante ir a Marte?

-Como todas las exploraciones fuera de la Tierra, es menos una meta que una herramienta: es una demostración para nosotros, que nos inspira y nos impulsa a desarrollar tecnología, habilidades, oportunidades para industrialización o sólo para aprender más sobre nuestro universo, tanto exterior como dentro del cuerpo humano. Nos estimula esa curiosidad y nos hace crear oportunidades y habilidades que nos ayudan a mejorar nuestra vida aquí en la Tierra y nos motiva a cuidar nuestro propio planeta.

-¿Marte es la nueva Luna?

-Marte es la nueva Luna, exactamente.

UN ESPACIO GLOBAL

Aunque nunca ha ido en persona, Yvonne Cagle sabe cuál es la mejor postal desde el espacio: el planeta que se ve al mirar “sobre el hombro”.

“Veo la Tierra y el espacio como un continuo. Todo lo que permiten nuestros esfuerzos para explorar es ciertamente algo que puede beneficiarnos y despertar nuestra conciencia sobre qué es posible. Cuando entiendes que hay tantas posibilidades allá afuera, te das cuenta de que ni siquiera el cielo es límite”, dice. “Creo que es muy importante que el espacio ofrece una perspectiva no sólo de la Luna y las estrellas. Recuerda esto: cuando vas al espacio lo más importante es mirar atrás, a esa frágil maravilla azul, y pensar en cómo podemos mejorar nuestro propio hogar. Piensa todo lo que hacemos para sobrevivir en Marte y sostenernos allá: necesitamos aire, atmósfera, agua limpia, necesitamos condiciones para que crezcan plantas, vegetación, nutrición que nos sostenga… todas las cosas que estamos creando para sobrevivir allá -granjas espaciales, sistemas de transporte de agua, maneras de purificar el aire y mantenernos sanos, etcétera- tienen una aplicación directa en la Tierra en casos de catástrofes, o en las necesidades de países en desarrollo. Realmente estamos evolucionando en nuestra expertise global tecnológica y humana. Y lo realmente excitante es que, si tenemos éxito, la Tierra puede transformarse en una plataforma de demostración para el espacio, podemos probar nuestras estrategias acá y obtener beneficios inmediatos aun antes de dejar el planeta”.

Ha sido esa visión integral la que ha transformado a la Dra. Cagle en una valiosa “embajadora” de la NASA, ya sea como conferencista o como vínculo entre la agencia espacial estatal y las empresas de tecnología establecidas en Silicon Valley (muy cerca de su laboratorio), a través de la Singularity University. Justamente en la meca del emprendimiento, hace pocas semanas participó de un encuentro con un grupo de 18 ejecutivas chilenas en el contexto del programa “Connecting High-Growth Women Networks Chile-California”, organizado por revista Capital y BST Innovation. “Me interesa que las personas se sientan empoderadas, que vean que hay muchas oportunidades, que sólo se requiere reconocerlas, prepararse bien y apasionarse para salir adelante”, comenta.

Semejantes actividades fuera de su laboratorio son para ella parte de la construcción del conocimiento global al que le interesa aportar, tal como en su propia especialidad ha contribuido con quienes antes eran competencia, al integrar un grupo de la NASA que viajó a Rusia para trabajar en el establecimiento de procedimientos médicos estándares para astronautas. “Si nos involucramos en esta carrera como competidores, entonces alguien tiene que perder; si lo hacemos como colaboradores, si formamos un equipo, nos potenciamos y todos llegamos a la meta como grupo”, reflexiona.

A fin de cuentas, para haber soñado tanto con salir de la Tierra, la Dra. Yvonne Cagle parece ahora bastante reconciliada con la idea de quedarse. “Siempre pensé que mi aspiración más grande sería dejar el planeta. Ahora me doy cuenta de que mi verdadera motivación, mi verdadero destino, no era necesariamente ir al espacio exterior, sino ir al espacio en mi planeta de origen, la Tierra, y mejorar la vida aquí. Y cuando digo Tierra, me refiero a mis hijos, a mis padres, a mis amigos, mis seres queridos, y los amigos que me quedan por hacer”, dice. “Ésa es una visión global”.

vía  Qué Pasa.

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Publicado por en 6 agosto, 2013 en Ciencia y Tecnología, Tecnología

 

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