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En octubre abrirá el Centro Cultural Juan Estay en Puente Alto, el más grande de la zona sur de Santiago

En octubre de este año abrirá sus puertas el Centro Cultural Alcalde Juan Estay en Puente Alto, el primer lugar de este tipo en la comuna que con 2.300 metros cuadrados construidos se convertirá en el más grande del sector sur del Gran Santiago y que tendrá un jardín de 6 mil m².

Este nuevo espacio fue diseñado por la arquitecta nacional Cazú Zegers y se construyó en la antigua casa patrimonial donde vivió el ex alcalde de Puente Alto, Juan Estay, quien estuvo a cargo de la comuna entre 1934 y 1937.

El centro cultural estará integrado por varios recintos que permitirán que alrededor de dos mil personas participen en actividades culturales al mismo tiempo. Así, en sus 2.300 metros cuadrados habrá un anfiteatro para 500 personas, una biblioteca, un teatro para 300 personas y salas especializadas: una audiovisual, otra para danza, una para ensayos de orquestas, entre otras.

Proyecto Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Fuente imagen: Gobierno Regional Metropolitano de Santiago.

El nuevo espacio estará ubicado en la esquina de las avenidas Eyzaguirre y Pie Andino, por lo que integrará una ruta que se está conformando en la comuna con diversos espacios culturales, como el Balneario Municipal y el futuro Pueblito de Las Vizcachas, el que se inauguraría a fines de este año y al que se podrá llegar por la avenida Eyzaguirre.

Este pueblito está diseñado como un parque ecológico y pretende convertirse en un punto turístico para la comuna con locales de artesanía, un restaurant, una granja educativa y una laguna navegable.

Respecto al centro cultural y según estimaciones del Gobierno Regional, el recinto beneficiará a más de 265.775 habitantes solo de Puente Alto, por lo que es necesario sumar los de las comunas vecinas, como La Florida, San Bernardo y La Pintana.

Proyecto Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Fuente imagen: Gobierno Regional Metropolitano de Santiago.

El costo del proyecto alcanza los $2.552 millones y serán financiados por el Gobierno Regional. No obstante, la Municipalidad de Puente Alto invertirá otros $450 millones para otros trabajos, entre los que se encuentra la construcción de un jardín de seis mil metros cuadrados.

A continuación te mostramos imágenes de la construcción tomadas en febrero de este año.

Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Foto por Municipalidad de Puente Alto vía Flickr.

Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Foto por Municipalidad de Puente Alto vía Flickr.

Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Foto por Municipalidad de Puente Alto vía Flickr.

Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Foto por Municipalidad de Puente Alto vía Flickr.

Centro Cultural Alcalde Juan Estay. Foto por Municipalidad de Puente Alto vía Flickr.

vía Plataforma Urbana.

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Publicado por en 26 agosto, 2015 en Arte y Cultura, Otros

 

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Desde Chiloé: Mall de Castro, crónica de un fracaso

Por Nicolás Valencia

A dos años del estallido mediático por la construcción del Mall de Castro, y a días de una nueva edición del Día del Patrimonio en Chile, estuvimos en la Isla Grande de Chiloé reconstruyendo la historia detrás del polémica proyecto: un centro comercial que inexplicablemente se nos apareció de la noche a la mañana por sobre los palafitos y la Iglesia de San Francisco, pero que ya llevaba años urdiéndose en la ciudad austral.

Después del salto, sigue la crónica y las fotografías tomadas recientemente en Castro.

Castro se ha sacudido lentamente la espesa neblina que cubrió esta madrugada los fiordos, embarcaciones, palafitos y residencias de la ciudad. Aprovechando que salió el sol y la marea está baja, los turistas se van acercando tempranamente al puerto para tomar un tour en las lanchas que recorren el fiordo de Castro, uno de los tantos brazos de agua que desmigajan Chiloé hacia el este.

Al son del vals chilote ‘El tornado’, el Tenten Vilu recibe pasajeros para la primera vuelta dominical. Las familias ya acomodadas se abrochan los chalecos salvavidas para recorrer el fiordo, contenido al este y norte por suaves y frondosas colinas verduscas. Para capear el frío, algunos portan gorros chilotes -un clásico de la industria local del souvenir- comprados en el mercado provisional de Yumbel o bien, en Angelmó, allá en el continente, en Puerto Montt.

– Hola a todos, soy Cristián. Pregúntenme de todo, y si no lo sé, sabré mentir –bromea el guía turístico al presentarse.

Una breve explicación mitológica sobre la geografía de la Isla Grande de Chiloé que justifica el nombre de la embarcación luego da paso a una memorizada reseña sobre Castro, mientras el Tenten Vilu ya surca el fiordo con tonadas chilotas de fondo. La ciudad se aleja y los turistas toman privilegiada posición para contemplarla: las casas coladas entre la vegetación sobre la colina, los palafitos a orillas del mar, el Unicornio Azul, y la Iglesia Católica de San Francisco, de firma italiana, maderas locales, influencia neogótica y vestida de amarillo vaticano y lila cúspide.

A este paisaje hay que sumarle el Mall Paseo Chiloé, rebautizado por los medios como el Mall de Castro. El primero de la isla y suficientemente polémico y desescalado como para llamar la atención del resto del país, especialmente Santiago, a 1.200 kilómetros hacia el norte.

© Jorge Remonsellez

Los turistas se incomodan ante la escena y algunos fruncen el ceño al contemplar al centro comercial quebrando el skyline de la ciudad. Cristián, el guía, explica rápidamente que “hubo 16 denuncias para parar la obra, porque hubo un decreto municipal durante años que prohibía que cualquier obra fuera más alta que la Iglesia. Incluso le hicieron rebajar unos pisos, revestirlo con madera, pero el mall va sí o sí porque acá con plata, baila hasta la gata” y un pasajero se aventura a realizar la misma pregunta que se repite en todos los tours: ¿y qué piensa la gente de Castro al respecto?

“Todos queremos mall. La mayoría de los que reclaman son los de afuera. Acá cuantas más tiendas grandes tengamos, mejor para nosotros: más competencia y las cosas son más baratas”, señala Cristián. Y ante el enmudecimiento de la tripulación, se perciben los clics de las cámaras capturando la nueva postal, mientras el acordeón de ‘Corazón de escarcha’ se escucha más nítido que nunca.

Y el guía cambia el tema.

CUANDO NOS ACORDAMOS DE CASTRO

© Jorge Remonsellez

Volvamos a 2012: el 29 de febrero se viralizó en Facebook una fotografía del nuevo skyline de Castro: una mole de hormigón en construcción y 29 mil metros cuadrados salvados por alzaprimas, cubierto por telas blancas y andamios, erigiéndose sobre la ciudad y dejando a la Iglesia en un vergonzoso segundo plano.

Fue repentino, nadie lo advirtió y ningún medio masivo había hablado de él antes. Por esas fechas, las sensibilidades sociales estaban a flor de piel, pues veníamos de finalizar un año de decisivas movilizaciones estudiantiles, reflejo de una ciudadanía más consciente y participativa.

Por lo mismo, ese marzo fue contundente en declaraciones públicas y denuncias judiciales: el arquitecto chilote Edward Rojas declaró que el mall atentaba “contra el patrimonio y la identidad de sus habitantes”; el Colegio de Arquitectos envió una carta exigiendo al Ministerio de Vivienda la paralización de las obras; declaración que repetirían estudiantes de once escuelas nacionales de arquitectura. A las tres semanas, la Unesco exigió un informe sobre el impacto del mall, considerando el estatus de Patrimonio de la Humanidad de la Iglesia de San Francisco.

Mientras tanto, la necesidad de buscar un culpable tomó la figura de Nelson Águila y Jacob Mosa, alcalde de Castro y controlador del holding familiar Grupo Pasmar, respectivamente. Para entender la relación entre municipio e inversionista, retrocedamos nuevamente para desnudar un historial de precisas modificaciones normativas, inversiones fallidas e incluso la intervención de la Contraloría.

Documentado prolijamente por ‘Ciudadanos por Castro’, en septiembre de 2007 el Municipio de Castro discute y aprueba en sesión extraordinaria una propuesta privada -de parte del Grupo Pasmar- de un nuevo terminal de buses de 2.500 m2, entregado en arriendo directo por 30 años. No obstante, el Plan Regulador vigente (PRC 2007) prohibía su construcción en el centro histórico, así que al año siguiente se aprueban las modificaciones al instrumento de planificación, permitiendo “equipamiento clase infraestructura de transporte y terminales de buses en predios cuya superficie sea igual o mayor a 1.500 m2”, según el documento oficial.

La Contraloría, informa ‘Ciudadanos por Castro’, dictamina que la entrega del Terminal de Buses a Pasmar debe ser mediante licitación pública abierta y no a través de un contrato directo. A pesar del fracaso, las modificaciones al Plan Regulador permiten aumentar el metraje original de una propuesta de mall del mismo holding -con permiso de edificación aprobado según el PRC original- e inician las construcciones en 2010 con un edificio distinto al aprobado en el permiso de edificación. ‘Ciudadanos por Castro’ documenta que la Dirección de Obras Municipales emite órdenes de paralización de obras en noviembre de 2011, pero la constructora las ignora hasta que en febrero de 2012 el Juzgado de Policía Local -a través de una denuncia municipal- aplica una multa a Grupo Pasmar, quien la rechaza automáticamente. Días después, la fotografía de la ciudad es de público conocimiento y el escenario se complica, pues los ojos del país están puestos en Castro.

Desde ese momento, y pronto a su anunciada inauguración en septiembre de 2014, los esfuerzos por contar con el beneplácito de la opinión pública pasaron desde revestir de madera la fachada principal hasta realizar una encuesta ad hoc entre los castrinos (94% a favor); pasando por la invitación a un medio de prensa nacional para conocer el proyecto en detalle, pero lo único rescatable de esa visita fue una frase de antología de parte del Gerente Comercial: “el proyecto buscó privilegiar la vista desde el patio de comidas. La idea es que los visitantes tengan acceso a esta postal, sin costo y bajo techo”.

UNA INCÓMODA CAJA DE PANDORA

© Jorge Remonsellez

En un intento por desmarcarse de las irregularidades administrativas y normativas del centro comercial, el alcalde se defendió señalando que la discusión era ‘centralista y elitista‘. Sin embargo, no deja de ser cierto que el mall -cual Caja de Pandora- liberó un rosario de problemáticas de larga data. La más obvia versa sobre la consolidación en Chile hace ya veinte años del mall como batería concentrada de servicios privados compensatorios ante la reducida oferta de equipamiento público y un urbanismo neoliberal que estimula la ausencia de una verdadera y concienzuda planificación urbana. Igualmente, el ejercicio del vitrineo como actividad de ocio es la simbiosis nacional entre entretenimiento y consumismo, concordante con el grado de penetración del mall en Chile: en 2013 registramos 15,03 m2 de centros comerciales per cápita, el índice más alto en Latinoamérica.

Por lo mismo, el arribo del mall a Chiloé reduce tanto las ansias por los equipamientos exigidos masivamente así como también matiza la alta dependencia con Puerto Montt, a cinco horas de Quellón y tres desde Castro, incluyendo el cruce en barcaza a través del Canal de Chacao. ”Fíjese que perdemos un día completo en ir y volver, y súmele el costo de los pasajes en bus ($12.000, 22 USD)”, señala Marcos, pescador de la Caleta Pedro Montt.

© Jorge Remonsellez

También esta Caja de Pandora visibiliza el persistente centralismo administrativo, económico y demográfico que ejerce Santiago y que históricamente ha alimentado los problemas que catalizaron protestas como en Aysén el 2012: limitada conectividad con el resto de la región y país, elevado costo de vida, bajos sueldos y escuálida reinversión de las ganancias privadas en las ciudades productivas, pues éstas regresan a la capital.

Esa carencia de servicios ha sido bien aprovechada por el Grupo Pasmar, fundado por la familia Mosa instalada en Frutillar en los años setenta y cuyo brazo inmobiliario actualmente maneja tres hoteles, dos centros comerciales en Puerto Montt y construye otro en Puerto Varas, el cual recibió críticas por tapar la vista de la Parroquia del Sagrado Corazón. Igualmente, que los proyectos del Grupo Pasmar estén en una misma región no es casualidad: en entrevista a La Tercera, el gerente general de Pasmar apeló a que “existen necesidades insatisfechas en ciudades como Puerto Montt y Castro” y el anuncio en 2012 de los US$ 119 millones de inversión en la región así lo confirman.

© Jorge Remonsellez

La construcción además evocó al desarrollo urbano devorador del patrimonio e identidad de ciudades completas. Por el mall, tanto arquitectos como urbanistas y estudiantes rasgamos vestiduras por los valores arquitectónicos que estaban (están) en peligro, y se enjuició despectivamente a los castrinos por querer pasar el fin de semana vitrineando como sucede lamentablemente en el resto del país, en vez de leer entre líneas y reconocer la ausencia de equipamientos y servicios que sufre Chiloé.

En el clímax del debate, vimos a especialistas enfrascados en sendas discusiones sobre el futuro de Castro, quedando totalmente rezagada la opinión de los ciudadanos sobre esa dicotomía entre la conservación del patrimonio y las legítimas aspiraciones de desarrollo tanto de sus ciudades como propias. También quedó en evidencia la descafeinada formación en las escuelas de arquitectura sobre las lógicas económicas en la ciudad contemporánea: negación del mall como fenómeno consolidado, demonización del mandante/victimización del arquitecto y una pobre estimulación de la crítica estudiantil basada en el sentido común.

Esta discusión de salón de té desde las tribunas de los periódicos santiaguinos fue bien aprovechada por el alcalde de Castro, para ridiculizar al gremio invocando el estereotipo del arquitecto mesiánico: respondiendo al presidente del Colegio de Arquitectos, Águila ironizó señalando que éste opinaba “desde el ‘barrio alto’ de Santiago y trata de impostar su visión a estos ‘pobres’ habitantes de esta ignota isla”.

EL VECINO NUEVO

© Jorge Remonsellez

A pesar de lo que uno puede imaginar, el centro comercial no se ve desde la Panamericana Sur que anuda Chiloé de extremo a extremo y tampoco se distingue desde la Plaza de Armas, pero basta una caminata de cinco minutos para encontrarlo (400 metros), pues el mall aprovecha una geografía que en ese punto de la ciudad se derrama hacia el fiordo, regalándole una vista privilegiada hacia el mar y las colinas circundantes, lo cual explica su grotesca aparición en las postales.

La mole de hormigón se acomoda con evidente sobrepeso entre viviendas familiares de madera de dos pisos, frente a una carnicería, una pequeña farmacia y un callejón de tierra que conecta casas generosas en ventanas que reciben el sol al amanecer. Mientras tanto, la salida posterior da a San Martín, avenida de pequeños locales comerciales enfrentados a una escuela, el Luis Uribe Díaz, en cuya esquina sureste unos taxistas matan el tiempo probando el milcao frito que venden tres mujeres en canastos arropados, evitando que el frío matutino las enfríe.

Ése es el vecindario del mall y los castrinos son claros: será muy bien recibido, aunque algunos reparen en el tema estético. No obstante, la postal del Castro eclipsado por el centro comercial resulta nítida desde la Costanera Pedro Montt; arriba de las lanchas turísticas surcando el mar, o bien, desde las barcazas que arriban con comerciantes de papas, provenientes de la Isla Quehui.

© Jorge Remonsellez

En definitiva, es una vista turística que el castrino promedio no ve en el trayecto desde la casa al trabajo. Ahí uno entiende que la jugada del Grupo Pasmar fue colarse como protagonista a la postal clásica, en desmedro de asentarse silencioso en la periferia residencial o en la Panamericana Sur, aprovechando los flujos vehiculares de todo Chiloé.

Félix Oyarzún, vocero de Ciudadanos por Castro, advirtió en su momento que esta experiencia dejó una lección: “las modificaciones al PRC que permitieron esta construcción, fueron abiertas y expuestas por la autoridad municipal […] Este plan, que no protege adecuadamente el casco histórico de la ciudad […] fue conocido en su momento. Y los habitantes de Castro no reaccionamos”.

Héctor Caripán, Jefe del Departamento de Turismo del Municipio de Castro, reconoce que los castrinos ven en el mall la posibilidad de generar empleos y tener un lugar de esparcimiento, pero también hay miedo a que se destruya al comercio local. Esta sensación -muy acertada considerando el reciente desarrollo de los centros históricos de las ciudades chilenas- se refleja ya en la Plaza de Armas de Castro: en la misma cuadra hay cuatro locales de las tres principales cadenas farmacéuticas nacionales.

Esta opinión también es refrendada en pueblos cercanos, como en Dalcahue, un tranquilo destino turístico a 23 kilómetros de Castro. Ahí, José Vidal, dueño de un almacén, reconoce que esto mejora la oferta de ocio de Chiloé. “Yo viví diez años en Punta Arenas y la gente no tenía en qué entretenerse. Acá también faltan entretenciones para el chilote, pero para hacer un tremendo proyecto como el mall, hay que ser precavido. Es muy positivo que llegue, pero me coloco a pensar en el centro de Castro, la Iglesia y pienso, ¡¿por qué me pongo ahí?!”

“¿Por qué cree que decidieron construirlo ahí?”, le pregunto. Don José piensa mientras bebe de su taza. “Fue ansiedad, quisieron hacerlo rápido y la cagaron”, responde y se encoje de hombros.

vía Plataforma Urbana.

 
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Publicado por en 23 mayo, 2014 en Ingeniería y Construcción

 

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Uso de las plantas en la arquitectura bioclimática

El uso de las plantas puede ser clave a la hora de construir una casa bioclimática, considerada ésta como una vivienda diseñada desde un enfoque ecológico que aprovecha al máximo los recursos naturales. En este contexto, las plantas son fáciles de implementar y de mantener, si bien hay que estudiar todo tipo de elementos para valorar su conveniencia, como la orientación de la construcción, la distribución de huecos o incluso el estudio de las especies autóctonas para plantarlas y así colaborar de un modo valioso en su conservación.

Una adecuada elección de especies vegetales también puede ayudar a la fauna local a encontrar un hábitat favorable, ya sean insectos polinizadores, ardillas, anfibios, pequeños reptiles o aves, pongamos por caso. Todo dependerá de las posibilidades que nos brinde la zona en la que se ubique la casa y nuestro deseo de hacerlo con esmero, bien asesorados.

Bienestar y ahorro

Por otra parte, es bien sabido que los tejados o fachadas cubiertos de plantas ayudan a una eficiencia energética, pues aislan del calor y del frío. Igualmente, si tenemos la suerte de disponer de un jardín amplio sería perfecto plantar árboles de hoja caduca para detener el sol en verano, al tiempo que permitimos que llegue el máximo posible en los meses fríos.

No olvidemos que las plantas son una fuente de abono orgánico constante, a la vez que pueden recibir el compost que vamos elaborando a partir de desechos vegetales y de la misma basura doméstica orgánica. De la misma manera, los barriles de agua de lluvia facilitan el riego e incluso permiten cambios de agua en pequeños estanques. El agua de la ducha también será fácilmente reutilizable para regar las plantas.

Por último, la colocación estratégica de las plantas nos permitirá decorar naturalmente nuestro hogar mientras nos protegernos de las temperaturas extremas a durante todo el año, así como de la contaminación accústica.

vía Ecologiaverde.

 

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El Santiago de Fernando Castillo Velasco

El ex alcalde de La Reina y ex intendente de Santiago murió el jueves pasado (18 de julio de 2013), en su casa, a los 94 años. Aquí, su testimonio inédito sobre la ciudad que imaginó y ayudó a construir el siglo pasado.

“Comencé en la arquitectura por instinto, a los 12 años: con chuzo y pala, abría hoyos en la Quinta Michita y ha- cía refugios subterráneos donde me escondía a fumar con mis amigos, sin que nadie me pillara.

De adulto, persistió mi afán de construir. Tras graduarme de arquitecto en la Universidad Católica, junto con Carlos Bresciani, Héctor Valdés y Carlos Huidobro, en los años 50, formamos una oficina con la que soñamos conjuntos habitacionales para la clase media, que promovían la relación entre los vecinos y la conexión con la naturaleza.

Sobre las Torres de Tajamar, recuerdo que surgieron cuando caminaba por el centro y me di cuenta de que había sitios eriazos al final del Parque Providencia. ¡Había que poner ahí un elemento que determinara la entrada hacia el barrio alto! Levantamos unas torres que no entorpecieran la transparencia de la ciudad hacia la montaña. En el sexto piso de una dejé un hoyo, para que la gente que paseara por ahí pudiera ver el paisaje. En esos tiempos, la cordillera no pasaba desapercibida para los arquitectos, como los que hicieron esa estúpida torre del Costanera Center. Recuerdo que tardamos mucho en construir esto, porque no había computador y hacer los cálculos era una locura. No había camiones que trasladaran el concreto en esos cilindros que van dando vuelta. Lo que se hacía era fabricar el hormigón en unos galpones y echarlo a un camión corriente. Adentro iba gente moviendo el concreto con una pala, para que no quedara inmovilizado. Sin grúas para llegar a esa altura, lo que utilizamos fueron cubos grandes para escalar.

La Villa La Reina nació cuando llegué a la alcaldía de La Reina, el año 64. Me encontré con un decreto de expulsión de los pobladores que vivían en los sitios eriazos cuidando la tierra de sus patrones. Me pareció terrible. Entonces me comprometí con todos los que no tenían casa a convertirlos en vecinos con los mismos derechos y obligaciones de todos. Me costó conseguir el terreno; muchos trámites. Hasta que llegué con la lista de 1.600 familias que elaboramos puerta a puerta con la Escuela de Arquitectura de la UC. La villa la construyeron los pobladores durante cinco años, en un terreno de 70 hectáreas en Av. Larraín. Se hizo ahí para que los pobres estuvieran adentro y no afuera de la ciudad, como ocurre ahora.

Con la Unidad Vecinal Portales tuve la convicción de que tenía que ser parte de la ciudad también. Pero el otro día, cuando se iniciaron trabajos de restauración, los vecinos me decían: ‘Nosotros hemos vivido el paraíso y el infierno aquí’. El paraíso era la solidaridad, los árboles, la vida en comunidad, la vista, el aire; la atrocidad, el Golpe, cuando los militares le quitaron toda colaboración a la villa. Era un parque público, ¡imposible que gente humilde pueda mantener un parque! Quedaron botados ahí, en esa obra emblemática del movimiento moderno de arquitectura en Chile.

Tuve un proyecto frustrado. Se llamaba Los árboles de Apoquindo y era una estructura innovadora en la esquina surponiente de Av. Apoquindo con Vespucio. La idea era poner un cimiento de hormigón de 15 metros de diámetro y luego un cilindro desde el que salían, recién a los 10 metros del suelo, cuatro aletas o vigas. Estas eran de un piso de alto y cada rama sostenía una vivienda que iba girando. Abajo había un área verde y locales de venta, arte y cultura. Pero cuando comenzamos a echar el concreto, el dueño de la firma llevó el proyecto a un congreso de ingeniería en Japón y se decidió que el edificio era inviable en un territorio sísmico. Fue una tontera que todavía no me explico. Yo sé que el edificio todavía estaría allí.

Yo quiero a Santiago, aunque hagan demasiados desastres en ésta. La ciudad debe ser un lugar muy humano, alegre y bello, pero si existe un hacinamiento de casas y edificios pierde toda el alma. Me preocupan las autopistas. La Costanera Norte la encuentro espantosa y se siguen sumando más, como la de Vespucio Oriente. No tiene derecho la autoridad a hacer planteamientos hechos por supuestos urbanistas que hacen idioteces. Esta avenida no es de alta velocidad, sino un anillo que reparte a los ciudadanos hacia el centro.

Sobre los malls, pienso que no hay ninguna razón para haber cambiado el sistema de barrios a edificios en altura, que sólo son puntos de encuentro más para el consumismo que para la calidad de vida, que es la base fundamental de mi trabajo. Ahora tenemos un auto detrás de otro y cada vez son menos útiles por la congestión. El manejo ha producido estrés en la gente, mucha soledad. Yo me desvelo pensando en cómo solucionarlo”.

Otra entrevista en Revista Paula.

vía LA TERCERA.

 
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Publicado por en 30 julio, 2013 en Geociencias

 

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Certificación nacional pondrá énfasis en velar por un buen proceso de diseño, construcción y operación

Con el objetivo de abordar de manera más amplia el proceso de diseño, construcción y operación de un edificio, el equipo ejecutor y el comité directivo han definido una estructura de categorías y variables del método de certificación, que está siendo validado por diversas instituciones y especialistas.

Ya va tomando forma la Certificación Nacional-Edificio Sustentable, proyecto cofinanciado por InnovaChile de Corfo, que busca crear una certificación nacional de calidad ambiental y eficiencia energética de edificios de uso público, especialmente con destino educación, salud, y oficinas, entre otros.

Luego de siete meses de trabajo, el equipo ejecutor y el comité directivo del proyecto llegaron a un primer borrador del método de certificación, revisado y validado por las instituciones mandantes, es decir, la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, el Colegio de Arquitectos y la Cámara Chilena de la Construcción, así como por las instituciones interesadas.

Destacan en este trabajo la consolidación de una estructura de categorías y variables del método de certificación. Es así como ésta fue ajustada hasta quedar en 14 variables agrupadas en dos categorías principales: Diseño Arquitectónico Pasivo y Diseño de Sistemas Activos. En ambas se incluyeron dos grupos de variables; en la primera quedó confort ambiental y demanda de energía, mientras que en la segunda, consumo de energía y consumo de agua.

“Con esta división se busca abordar de forma clara los ámbitos de los que depende principalmente el diseño, y como estos influyen en el comportamiento ambiental de los edificios”, explica José Tomás Videla, jefe del proyecto.

Otro aspecto relevante es que se han considerado aspectos complementarios, que ayudarán a asegurar que el comportamiento ambiental durante la operación responda al buen diseño que se ha certificado. Estos aspectos aluden a las etapas de encargo del anteproyecto, con las condiciones de diseño integrado para la correcta toma de decisiones; también la etapa de obra, para la verificación de la correcta ejecución de los aspectos de diseño evaluados y, por último, la gestión de la operación, que busca generar un compromiso y seguimiento de la gestión y mantenimiento del edificio.

“Los aspectos complementarios se establecen como una serie de procedimientos de verificación que, sin entregar directamente puntaje al índice de calificación de sustentabilidad, aseguran un buen comportamiento ambiental del edificio”, precisa el arquitecto.

De esos tres aspectos, el más llamativo podría ser el de gestión de la operación, a juicio del profesional, el cual se basará en compromisos de gestión por parte del mandante y administrador del edificio que aseguren una buena operación del mismo.

“Estos compromisos entregarán un sello distintivo en forma adicional al índice de calificación –que hemos llamado sello ‘plus’-, y como contraparte, permitirá hacer seguimiento de la operación de los edificios certificados en el tiempo”, cuenta José Tomás Videla.

Con esto no se busca auditar la operación de los edificios, sino por el contrario, “apoyar al administrador y al mandante para que su edificio tenga un buen comportamiento ambiental, es decir, que ahorre energía, agua y tenga niveles adecuadas de confort interior”, añade.

Este borrador del método incluye las opiniones de diferentes actores, entre los mandantes e interesados del proyecto (Ministerios de Salud, Educación y Desarrollo Social, Colegio de Ingenieros, DuocUC, Chile GBC y la Agencia Chilena de Eficiencia Energética), así como la visión de otros expertos del sector y los resultados de otros proyectos locales recientes, como el Proyecto Innova Chile “Evaluación de Estrategias de Diseño Constructivo y de Estándares de Calidad Ambiental y Uso Eficiente de Energía en Edificaciones Públicas, Mediante Monitorización de Edificios Construidos”, anterior a éste.

Como respuesta también a las opiniones de los distintos actores, se han estado realizando ajustes al modelo de negocio de la certificación, para que sea aplicable directamente por el sector público, especialmente para incentivar su aplicación en la edificación existente.

Para continuar con este trabajo de validación, el Instituto de la Construcción realizará dos talleres a fines de abril y cuatro talleres durante mayo, a los que ha invitado a un número significativo de instituciones afines y especialistas para colaborar en las actividades de validación y construcción de puntajes, además de calibración del método del proyecto INNOVA “Diseño e Implementación de un Método Nacional de Certificación de Calidad Ambiental y Eficiencia Energética para Edificios de Uso Público”.

Fuente y Foto: Vértice Comunicaciones

vía dConstruccion.

 
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Publicado por en 25 abril, 2013 en Ingeniería y Construcción

 

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