RSS

Archivo de la etiqueta: Astronomía

China construirá su primer observatorio astronómico en Chile

Estará en el cerro Ventarrones, Segunda Región y serán socios de la U. Católica del Norte.

Hace tres años el Centro para la Astronomía de la Academia China de Ciencias en Sudamérica (Cassaca) se instaló en Chile, específicamente en una oficina del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) en Cerro Calán, desde donde han gestionado la colaboración e intercambio entre astrónomos chilenos y chinos. Pero su propósito desde entonces, ha sido preparar la instalación de un futuro telescopio en Chile, uno de los primeros fuera de Asia.

Esta tarde su meta estará más cerca de cumplirse. En el Palacio de La Moneda, el presidente chino, Xi Jinping, firmará una serie de acuerdos de cooperación, entre ellos, uno que unirá a la Academia China de Ciencias (a través de Cassaca) con la U. Católica del Norte (UCN) para construir en cerro Ventarrones, Región de Antofagasta, el primer observatorio astronómico chino en Chile.

Ventarrones, a 2.800 msnm, al igual que los cerros vecinos (Paranal, que alberga al VLT de la ESO, y Armazones, donde se construye el E-ELT que será el telescopio más grande del mundo), cuenta con condiciones privilegiadas para la astronomía: baja humedad, cielos nítidos, más de 80% de noches despejadas y lejos de fuentes de contaminación lumínica. Allí, la UCN tiene 25 km2 de terreno concesionado que compartirá para este acuerdo.

El astrónomo Maximiliano Moyano, director del proyecto en la UCN, cuenta que la idea es construir un observatorio integral. “Involucra el desarrollo de energías renovables y proyectos de reutilización de agua. Hay espacio suficiente y queremos que el observatorio sea sustentable. También que no sólo sea astronomía, tenemos espacio contemplado para recibir gente, un centro de educación y astroturístico”, señala.

La negociación de ambos socios se mantuvo por un año hasta llegar a este acuerdo preliminar para preparar el sitio e instalar algunos telescopios pequeños y medianos (no está definido el número) ópticos-infrarrojos, en los próximos años.

Esta tarde el documento será firmado por el director general del Observatorio Astronómico Nacional de la Academia China de Ciencias, Jun Yan, y el rector de la UCN, Jorge Tabilo. Con ello, ambos comprometen destinar recursos financieros, materiales y humanos para desarrollarlo.

Moyano cuenta que este año esperan crear el plan maestro para comenzar en 2017, mientras en paralelo construirán el camino a la cima del cerro y el plan de construcción. “En China hay mucho interés de tener a Chile como socio estratégico para desarrollar la astronomía, esto representa un hito para ellos. La idea es que todos se beneficien, que salga adelante y que sea un nuevo centro de investigación que contribuya a otras áreas”, dice.

Además de un telescopio en la Antártica, China sólo tiene como socios astronómicos a algunos países de Asia central, lo que pone a este acuerdo como uno de los primeros desarrollados en el extranjero.

“Este acuerdo beneficiará a la astronomía chilena en su conjunto”, dice Moyano, pues como todos los convenios con observatorios internacionales instalados en Chile, con éste los investigadores de instituciones nacionales se aseguran el 10% del tiempo para su uso exclusivo.

 

Origen: La Tercera

 

Etiquetas: , , ,

Un espacio para todos

La próxima semana (20 de febrero del 2014) se concretará la iniciativa de ciencia ciudadana más ambiciosa de la historia: Gloria, una red social astronómica con acceso a 17 telescopios en ocho países, que permitirá a cualquier persona con un computador explorar el espacio en tiempo real y colaborar en experimentos de alta complejidad. El proyecto tiene a la U. de Chile y su telescopio CATA 500 como uno de sus ejes.

Para una persona que no tiene Twitter, que se le acumulan irremediablemente los mensajes sin leer en Facebook y que no entiende el atractivo de andar todo el día con un teléfono en la mano, crear una aplicación para smartphones puede ser tan complejo como encontrar una supernova. Pero el Premio Nacional de Ciencias Exactas José Maza, que en su carrera ha encontrado cientos de estas últimas, lleva varios meses abocado a ese ineludible nuevo objetivo: lanzar una app que permita a miles de entusiastas encontrar las supernovas por él.

Su idea sorprende por lo sencilla: cada noche el CATA 500, un telescopio robótico que tiene la Universidad de Chile en Cerro Tololo, sacará cientos de fotos en color rojo de distintos trozos de cielo, y las superpondrá con fotos de seis meses antes de los mismos lugares, filtradas en verde y azul. Por la superposición de los tres colores primarios todas las estrellas se verán blancas, pero si hay algún objeto nuevo en la foto -una supernova, por ejemplo-, éste resaltará en rojo. Así, una imagen que antes podía tardar una semana en ser revisada por observadores profesionales con software especializado, ahora podrá ser vista por miles de usuarios desde sus teléfonos esa misma noche; un like en los puntos rojos, dará entonces inmediato aviso al científico.

“Hoy la astronomía tiene mucho que ver con recopilación de datos, y para eso a veces es más conveniente no saber en detalle lo que uno está clasificando, porque así tiene menos prejuicios”, dice José Maza. “La ciencia ciudadana puede servir para grandes volúmenes de datos. Cuando Humboldt y Darwin encontraban plantas y animales, no estaban descifrando su código genético, sino recopilando información. Un científico no puede encerrarse en un clóset, tiene que ver cómo es la naturaleza, y en esa aproximación la gente puede ser muy útil”.

El entusiasmo del astrónomo por la ciencia ciudadana -la colaboración de aficionados o curiosos anónimos a través de internet en complejos proyectos científicos- tiene que ver con algo mucho mayor que su propia aplicación, aunque para ésta tenga la no despreciable cifra de 1.700 galaxias a estudiar. Lo suyo, dice, “es un kiosco dentro del mall que viene”. Se refiere al proyecto Gloria (GLObal Robotic-telescopes Intelligent Array for e-Science), una gran red de ciencia ciudadana que comenzó a desarrollarse en 2009 en la U. Politécnica de Madrid, y que hoy, a una semana de concretarse con dos experimentos online y el acceso abierto a cuatro de sus 17 telescopios, cuenta con la participación de 11 grandes universidades e institutos astronómicos de Europa, del observatorio de la Academia de las Ciencias Rusas y de la Universidad de Chile.

El proyecto, que lleva tres años con financiamiento de la Unión Europea, se mueve por dos ejes: el primero es permitir a cualquier aficionado acceder al uso online de telescopios profesionales -los cuales cederán de un 10% a un 20% de su tiempo de uso diario para la red- en lapsos de 15 minutos en tiempo real por usuario, o bien a través de peticiones de observación de objetos espaciales con plazos de entrega del material de pocos días. El aficionado, por ejemplo, querrá ver Saturno, y la red decidirá desde qué telescopio y a qué hora le conviene observarlo, y le asignará un lapso. El segundo eje, que será la retribución de los ciudadanos a los científicos, es el lanzamiento de diversos experimentos participativos de clasificación de datos y búsqueda de fenómenos espaciales. La próxima semana, por ejemplo, se lanzará, después de casi un año de marcha blanca, una aplicación para medir diariamente la actividad del Sol enumerando las manchas en su superficie, y otra de observación del espacio.

Para esa red es que Maza está preparando su primera aplicación, que espera tener lista en marzo. Pero la motivación del proyecto, dice, más que descubrir nuevas supernovas o galaxias, es terminar de una vez con la desconexión entre la ciencia y la ciudadanía, y despertar un mayor interés general en comprender los proyectos científicos en cada país y su relevancia. “Que de tanto buscar flores rojas, comiencen a preguntarse por qué la flor es roja”, dice Maza, y agrega que a fin de cuentas interesar a la gente en la ciencia es también la única manera de que los gobiernos accedan a destinar más recursos para investigación. En su caso, cuenta, un incentivo para acercar a la gente al proyecto será la posibilidad de bautizar con sus nombres los descubrimientos que hagan en el espacio.

“Acá queremos que nos presten sus ojos y su tiempo. No quiero estar despierto toda la noche viendo las alertas que me manden, pero si en media hora muchas personas indican ‘me gusta’ en un evento, el telescopio observará de nuevo el campo, y si la cuestión es muy maravillosa me mandará un mensaje al teléfono. Y aunque esté dormido, me meteré a mirar qué les está llamando la atención”, dice el astrónomo. “Ahí les mandaré un mensaje: ¡Felicitaciones, me despertaron, pero valía la pena!”.

ASTRÓNOMOS VIRTUALES

De los 17 telescopios, el CATA 500 chileno fue el primero en estar conectado, desde abril del año pasado. Y no fue sencillo. Mecanizar un observatorio para ser utilizado de forma remota es un proceso lleno de complicaciones, y lo es mucho más aún lograr que funcione en conjunto con otros de distinto tamaño, foco y tecnología. Sólo en poner a punto el de Cerro Tololo, Eduardo Maureira, ingeniero a cargo, tardó seis meses. En octubre pasado, en una reunión frente a los observadores de la Unión Europea en Málaga, fue el utilizado para mostrar que el proyecto avanzaba. Entonces le pidieron enfocar hacia distintos objetivos desde su computador. El sistema funcionó.

A fines de marzo, si no hay inconvenientes, el telescopio de la U. de Chile comenzará a recibir peticiones en la página web de Gloria para observar objetos y entregar resultados -en principio no funcionará online-, y en mayo se espera que ya esté conectado con los otros 17, comenzando el intercambio constante. La próxima semana, otros cuatro telescopios nocturnos de la red empezarán a ser usados en línea. De todos los telescopios, el chileno es el tercero más grande, y por los cielos en que está ubicado es una pieza capital para el entramado.

Todas estas inauguraciones, cuenta el ingeniero español Francisco Sánchez, de la U. Politécnica de Madrid, creador y coordinador del proyecto, debieron haber sucedido mucho antes. Lo que partió en 2009 con la idea, a raíz de sus trabajos en robotización de laboratorios, de poner un telescopio a disposición virtual de los colegios españoles, y que agarró vuelo al unirse con el experto en astrofísica robótica Alberto Castro-Tirado, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, pronto se transformó en una “torre de Babel” al ingresar las demás instituciones. Tardaron más de un año en ponerse de acuerdo en los estándares y objetivos mínimos del proyecto, y hasta hace poco muchos aún ponían en duda su eficacia. “Al principio del proyecto, muchos creían impensable que se pudiera manejar un telescopio por internet”, cuenta Sánchez. “Así los experimentos los puede desarrollar un astrónomo, pero también un niño. ¿Cómo le dices a un astrónomo que el trabajo que hace él lo puede hacer una persona que no es formada?”.

Pese a los retrasos, el proyecto ya ha hecho varias transmisiones online de eventos astronómicos como eclipses o auroras boreales, y lanzó el mes pasado su primer “juguete”: Personal Space, una aplicación que permite revisar qué estrellas había sobre nuestras cabezas el día y hora exactos en que nacimos, y que fue más pensada para llamar la atención del público que como un experimento científico propiamente tal. Pero entre el 19 y el 21 de febrero, en paralelo a la apertura para exploración de los primeros telescopios de la red, se lanzará Night Experiment, la aplicación para explorar el espacio, y Solar Experiment, que agregará al monitoreo que hasta hoy hacían los 300 observadores del Solar Influences Data Center de Bruselas de la actividad solar, la colaboración de miles de ciudadanos en línea.

Para los próximos meses ya hay otros dos en carpeta, uno de medición de la luz irregular que emiten las estrellas variables, y otro que, a juicio del astrónomo Miquel Serra-Ricart, del Instituto de Astrofísica de Canarias y uno de los responsables de los experimentos, es el más interesante a la fecha: una aplicación para buscar cometas durmientes, un tipo de asteroide que se transforma en cometa, descubierto hace sólo cuatro años, y observado apenas una decena de veces. “Lo que se está demostrando es que dentro del cinturón de asteroides hay rocas que pueden contener agua y gases, y acaban explotando y formando un cometa. Eso es muy interesante, porque para el nacimiento de la vida en la Tierra se necesitó agua, que al parecer vino desde afuera”, explica Serra-Ricart. “Tuvieron que ser los cometas, pero no cuadraba, porque no había suficientes, y ahora empezamos a ver la luz con la posibilidad de que hayan sido los asteroides, porque al principio de la Tierra hubo lluvia de asteroides. Esto es crucial para entender el origen de la vida”.

Mientras distintos grupos planean sus herramientas -hay decenas de ideas en carpeta-, el engranaje más importante del proyecto Gloria aún está terminando de afinarse en la Universidad de Málaga. Lo llaman el “planificador central”, y va a ser el software, primero en su tipo, capaz de decidir inteligentemente y de forma autónoma, una vez que la red esté funcionando en su totalidad, qué petición irá dirigida a cuál telescopio y en qué momento. El astrofísico Alberto Castro-Tirado, responsable científico del proyecto, se entusiasma cuando habla de él. “Ése va a ser el corazón del proyecto. Sentaríamos las bases, aunque sea a pequeña escala, para dar acceso a ciudadanos de a pie, y también a astrofísicos profesionales de países con pocos recursos, para hacer investigación seria, ahondar en los misterios de la ciencia y echarnos una mano a los científicos. Va a hacer realidad los sueños de muchos científicos en potencia. Es una nueva filosofía”.

1. El telescopio Yock-Allen, en Nueva Zelanda, uno de los 17 del proyecto Gloria.
2. Alberto Castro-Tirado, responsable científico de la red ciudadana.
3. José Maza, Premio Nacional de Ciencias Exactas chileno.

LA RED SOCIAL ESPACIAL

Lo dicen todos los involucrados: una vez cumplidos los ambiciosos planes de Gloria para los próximos meses, vendrá lo más difícil, conquistar el objetivo final del proyecto. La idea es concretar una comunidad virtual de unos 10 mil usuarios, en donde todos los que posean telescopios mecánicos o adaptables a la tecnología los pongan a disposición, creando una gran red de cientos de telescopios en todo el mundo para intercambiar tiempo de observación.

La visión de Francisco Sánchez, coordinador del proyecto, es que cada persona conecte su telescopio a la red, cediendo en principio también un 10% de su uso, a cambio de una moneda virtual llamada glorious. Con esa moneda, el usuario podrá acceder a usar otros telescopios de la red, incluidos los de mayor potencia, que requerirán más glorious según su capacidad. Si esto se concreta, dicen en Gloria, se cumpliría el sueño astronómico de poder seguir a un determinado objeto espacial las 24 horas del día, desde distintas noches geográficas.

A los glorious se sumará un sistema de valoración de cada usuario bautizado “karma”, que permitirá a los astrónomos amateurs que mejor utilicen los telescopios -haciendo descubrimientos o experimentos interesantes-, adquirir una mayor cantidad de la moneda virtual, y postergar progresivamente a los que sólo accedan para jugar con los instrumentos. “Queremos aprovechar el potencial de telescopios de aficionados que no están usándose todo el tiempo. Si un telescopio de Chile muy bueno puede costar mil glorious la hora, y el de Madrid cien, intercambiamos con ese ratio”, dice Sánchez. “La gente va a manejar un telescopio y la primera vez va a ser muy divertido, pero realmente esto es un trabajo. Ya tenemos un juego para celular con manchas solares. Y tal vez ese trabajo de la gente pueda ser remunerado en algún momento. Si le quiere echar 8 horas al día, se le paga en glorious, la moneda de intercambio en la comunidad”.

Muchas cosas están aún por definirse, como si se podrá comprar glorious con dinero. Algunos integrantes del proyecto se oponen a monetizarlo, y otros lo consideran una alternativa necesaria para poder mantener la red. 2014 es el último de los tres años de financiamiento de la UE, y el proyecto está en búsqueda de fondos para otros tres años.

Pero antes de eso, pretenden dejar instalada la red de telescopios, y varios experimentos para probar si hay interés por la ciencia. El resto está en manos de los nuevos astrónomos ciudadanos. Y en sus ojos.

vía Qué Pasa.

 

Etiquetas: , ,

ESA lanzará en 2024 una misión para buscar planetas que puedan tener agua

Equipado con 34 pequeñas cámaras y telescopios, la Planetary Transits and Oscillations of Stars (PLATO) estudiará “cuáles son las condiciones necesarias para que se formen los planetas y para que aparezca la vida.

París.- La Agencia Espacial Europea (ESA) anunció que ha aprobado la misión PLATO, que deberá ver la luz en 2024 y cuyo objetivo es comprender mejor cómo se comportan millares de planetas de dentro y fuera del Sistema Solar.

El observatorio PLATO, cuya vida útil será de seis años, se lanzará en 2024 a bordo de un satélite ruso Soyuz desde el centro de la ESA de Kurú, en la Guayana francesa.

Equipado con 34 pequeñas cámaras y telescopios, la Planetary Transits and Oscillations of Stars (PLATO) estudiará “cuáles son las condiciones necesarias para que se formen los planetas y para que aparezca la vida,” así como el funcionamiento del Sistema Solar, indicó la ESA en un comunicado.

“Esta misión, que permitirá localizar y estudiar millares de sistemas exoplanetarios, se centrará en encontrar y obtener características de planetas del mismo tamaño de la Tierra, así como de supertierras (con una masa hasta diez veces superior a la del Planeta Azul) situadas en la zona de habitabilidad de su estrella, agregó la ESA.

Esto se refiere a planetas en los que podría existir agua en estado líquido en su superficie, precisó esa agencia, con sede en París.

PLATO, que entra en la rúbrica de misiones de categoría media de la ESA, analizará “estrellas relativamente cercanas” y estudiará especialmente su caída de luminosidad cuando los diferentes planetas transitan por delante de ellas.

Los científicos esperan poder obtener información sobre las características de cada nuevo planeta descubierto, tales como su masa, su tamaño, su densidad, su composición y su edad, agregó la Agencia Espacial Europea.

El director de Ciencia y Exploración Robótica de la ESA, el español Álvaro Giménez, afirmó que PLATO permitirá a la comunidad científica “comparar la arquitectura de nuestro sistema solar con otros sistemas planetarios.”

La misión se apoyará en la información aportada por otras misiones de esa agencia como CoRot, descubridor de planetas extrasolares y explorador de la composición interior de las estrellas que concluyó el año pasado, o Cheops, un pequeño satélite con un objetivo similar.

El triunfo de la misión PLATO ante el Comité del Programa Cietífico de la ESA dejó sin desarrollo propuestas como el explorador del espacio-tiempo STE-Quest o la sonda para investigar el comportamiento de los rayos X LOFT.

PLATO se inscribe en la senda abierta por misiones como Solar Orbiter, que se lanzará en 2017 para estudiar el Sol, o Euclid, que a partir de 2020 se centrará en desvelar los misterios de las llamadas materia y energía oscuras.

vía LaSegunda.

 

Etiquetas: , , , ,

‘Marte es la nueva luna’

La astronauta y doctora Yvonne Cagle está trabajando un paso más adelante que el Curiosity: estudiando las condiciones que permitirán que los humanos lleguen a la superficie marciana. Una meta crucial, dice, porque, tal como antes lo hizo la carrera por llegar a la Luna, impulsa el desarrollo de tecnologías y la construcción de un conocimiento útil en nuestro propio planeta.

“Estamos evolucionando en nuestra expertise global. Y lo realmente excitante es que la Tierra puede transformarse en una plataforma de demostración para el espacio, podemos probar nuestras estrategias acá y obtener beneficios inmediatos”.

Yvonne Cagle dictó una conferencia en el evento TEDxBrussels en 2012 (disponible en YouTube).

De alguna manera, Yvonne Darlene Cagle quiso hacerlas todas. Y quién podría culparla: ha sido bioquímica, doctora, miembro de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y astronauta e investigadora de la NASA. Querer explorar el espacio en persona era una ambición para nada descabellada, una meta irresistible una vez que probó la que describe como la sensación más satisfactoria que el cuerpo humano puede experimentar. “No hay nada como flotar. Es una forma maravillosa de conectarse con el centro de lo que uno es, es una manera de hacer que todos tus sentidos despierten, estén vivos”, dice al teléfono desde su laboratorio en el Centro de Investigación de la NASA en Ames, California, recordando sus experiencias en un simulador. Ese “espacio en la Tierra”, le ha traído un trozo del rompecabezas que ella no ha ido ni irá a buscar.

Sus misiones justamente han tenido mucho que ver con conciliar en este planeta el choque entre dos espacios: el exterior, de las estrellas y los planetas por explorar, y el interior, el de los músculos, huesos y órganos de los astronautas. Una mezcla que no siempre es tan placentera como la sensación de flotar.

“Prácticamente todo el cuerpo humano tiene que readaptarse cuando cambia la gravedad del entorno”, explica. “Cuando estás en la Tierra, la fuerza de gravedad hace que estés constantemente ejerciendo resistencia y eso mantiene tus músculos y tus huesos tonificados, y mantiene la condición de tu corazón. Cuando vas a un ambiente con menos gravedad, tus músculos y tus huesos lo resienten al cabo de un tiempo; pierdes fuerza muscular, pierdes densidad ósea, y tu condición cardiovascular comienza a debilitarse”.

Es el espacio donde la doctora Cagle se ha hecho experta. Ha colaborado en el Longitudinal Study of Astronaut Health, programa de la misma agencia estatal lanzado en 1992 para investigar la incidencia y causalidad de enfermedades agudas y crónicas de quienes viajan al espacio, como también su mortalidad. Su especialidad en telemedicina espacial es, en consecuencia, muy valiosa cuando se trata de considerar no sólo la preparación y rehabilitación de los astronautas que viajan al espacio, sino también en la preparación de quienes eventualmente lleguen a conquistar la última frontera: Marte. Mientras sobre la superficie de ese planeta el Curiosity es el último de los robots recorriendo el terreno, sobre la superficie terrestre están preocupados de los primeros humanos que viajen. Es lo que anima la misión HI-SEAS (Hawaii Space Exploration Analog and Simulation), de la que Cagle forma parte como investigadora: consiste en simular en esas islas del Pacífico las condiciones necesarias para la adaptación y supervivencia humanas en Marte, desde los aspectos fisiológicos a otros igual de cruciales, como la alimentación.

Cagle ya no será parte de los elegidos para llegar a Marte, pero es parte de una tarea tanto o más trascendente e ineludible: la construcción del conocimiento científico necesario para ello.

-Entonces una misión triupulada a Marte es inminente…

-¡Absolutamente! De hecho, estamos creando las tecnologías, la propulsión, la estrategia para Marte. Y cada día estamos un paso más cerca. Por eso tenemos que empezar a prepararnos y a lidiar con los obstáculos finales: por un lado, la radiación, cómo nos preparamos, cómo nos protegemos de ella o diseñamos una intervención que permita la exposición humana. Otro gran desafío, por supuesto, es el síndrome de adaptación al espacio, para los músculos, huesos y el sistema cardiovascular. Y hay otro obstáculo muy importante que debemos resolver, y ése es el factor psicológico: cómo interactuar para que el trabajo sea exitoso y productivo en un período muy largo de tiempo dentro de un volumen reducido, ya sea una estación espacial o un vehículo, si estás haciendo exploración de superficie.

-¿Por qué es importante ir a Marte?

-Como todas las exploraciones fuera de la Tierra, es menos una meta que una herramienta: es una demostración para nosotros, que nos inspira y nos impulsa a desarrollar tecnología, habilidades, oportunidades para industrialización o sólo para aprender más sobre nuestro universo, tanto exterior como dentro del cuerpo humano. Nos estimula esa curiosidad y nos hace crear oportunidades y habilidades que nos ayudan a mejorar nuestra vida aquí en la Tierra y nos motiva a cuidar nuestro propio planeta.

-¿Marte es la nueva Luna?

-Marte es la nueva Luna, exactamente.

UN ESPACIO GLOBAL

Aunque nunca ha ido en persona, Yvonne Cagle sabe cuál es la mejor postal desde el espacio: el planeta que se ve al mirar “sobre el hombro”.

“Veo la Tierra y el espacio como un continuo. Todo lo que permiten nuestros esfuerzos para explorar es ciertamente algo que puede beneficiarnos y despertar nuestra conciencia sobre qué es posible. Cuando entiendes que hay tantas posibilidades allá afuera, te das cuenta de que ni siquiera el cielo es límite”, dice. “Creo que es muy importante que el espacio ofrece una perspectiva no sólo de la Luna y las estrellas. Recuerda esto: cuando vas al espacio lo más importante es mirar atrás, a esa frágil maravilla azul, y pensar en cómo podemos mejorar nuestro propio hogar. Piensa todo lo que hacemos para sobrevivir en Marte y sostenernos allá: necesitamos aire, atmósfera, agua limpia, necesitamos condiciones para que crezcan plantas, vegetación, nutrición que nos sostenga… todas las cosas que estamos creando para sobrevivir allá -granjas espaciales, sistemas de transporte de agua, maneras de purificar el aire y mantenernos sanos, etcétera- tienen una aplicación directa en la Tierra en casos de catástrofes, o en las necesidades de países en desarrollo. Realmente estamos evolucionando en nuestra expertise global tecnológica y humana. Y lo realmente excitante es que, si tenemos éxito, la Tierra puede transformarse en una plataforma de demostración para el espacio, podemos probar nuestras estrategias acá y obtener beneficios inmediatos aun antes de dejar el planeta”.

Ha sido esa visión integral la que ha transformado a la Dra. Cagle en una valiosa “embajadora” de la NASA, ya sea como conferencista o como vínculo entre la agencia espacial estatal y las empresas de tecnología establecidas en Silicon Valley (muy cerca de su laboratorio), a través de la Singularity University. Justamente en la meca del emprendimiento, hace pocas semanas participó de un encuentro con un grupo de 18 ejecutivas chilenas en el contexto del programa “Connecting High-Growth Women Networks Chile-California”, organizado por revista Capital y BST Innovation. “Me interesa que las personas se sientan empoderadas, que vean que hay muchas oportunidades, que sólo se requiere reconocerlas, prepararse bien y apasionarse para salir adelante”, comenta.

Semejantes actividades fuera de su laboratorio son para ella parte de la construcción del conocimiento global al que le interesa aportar, tal como en su propia especialidad ha contribuido con quienes antes eran competencia, al integrar un grupo de la NASA que viajó a Rusia para trabajar en el establecimiento de procedimientos médicos estándares para astronautas. “Si nos involucramos en esta carrera como competidores, entonces alguien tiene que perder; si lo hacemos como colaboradores, si formamos un equipo, nos potenciamos y todos llegamos a la meta como grupo”, reflexiona.

A fin de cuentas, para haber soñado tanto con salir de la Tierra, la Dra. Yvonne Cagle parece ahora bastante reconciliada con la idea de quedarse. “Siempre pensé que mi aspiración más grande sería dejar el planeta. Ahora me doy cuenta de que mi verdadera motivación, mi verdadero destino, no era necesariamente ir al espacio exterior, sino ir al espacio en mi planeta de origen, la Tierra, y mejorar la vida aquí. Y cuando digo Tierra, me refiero a mis hijos, a mis padres, a mis amigos, mis seres queridos, y los amigos que me quedan por hacer”, dice. “Ésa es una visión global”.

vía  Qué Pasa.

 
Deja un comentario

Publicado por en 6 agosto, 2013 en Ciencia y Tecnología, Tecnología

 

Etiquetas: , , ,

Los archivos secretos Neptuno

Neptuno carga con una historia insólita: la desaparición del expediente sobre su descubrimiento. La trama atravesó el tiempo desde Galileo, en la Europa del siglo XVII, hasta fines del siglo XX en el Observatorio Interamericano Cerro Tololo, en Chile. Es un relato de vanidades, ocultamientos y la misteriosa motivación de un astrónomo solitario.

Galileo Galilei podría haberlo evitado todo. Si cuando se obsesionó con las lunas de Júpiter -entre enero de 1610 y enero de 1613-, lo que lo llevó a concluir que la teoría heliocéntrica de Copérnico era correcta, se hubiera percatado de que esa esfera azulada que confundió con una estrella era en realidad un nuevo planeta, habría impedido una intriga que enfrentaría a Francia e Inglaterra por más de un siglo y medio.

No sucedió así, claro. Galileo fue condenado por la Inquisición y el expediente con los documentos que aclaraban el descubrimiento de Neptuno -muy posterior- desapareció de la Universidad de Cambridge en la década de los 60 sólo para aparecer, bajo una cama, en La Serena, Chile, en 1998. Sólo entonces el mundo conoció la verdad.

La historia comenzó a fines del siglo XVII, cuando se observaron anomalías en el movimiento de Urano. Era un problema apremiante de la mecánica celeste, pues cuestionaba la teoría de la gravitación universal: o Urano, por estar muy lejos del Sol, no obedecía a las leyes de Newton, o un planeta distante lo perturbaba.

En 1845, el director del observatorio de París, François Aragó, encargó a Urbain Le Verrier -brillante estudiante de la Ecole Polytechnique- solucionar el problema Urano. El 1 de junio de 1846 la Academia Francesa de Ciencias publicó su respuesta al enigma: un objeto planetario no identificado debería encontrarse en los 325° de longitud eclíptica. El 23 de septiembre de 1846, Johann Galle exclamó en el Observatorio de Berlín: “¡Ese astro no está en el mapa!”. El planeta de color azul verdoso fue llamado Neptuno en referencia al dios romano del mar. Gloria para Francia.

Pero, al otro lado del canal de la Mancha, se escribía una historia paralela. En Inglaterra, en 1845, el matemático John Adams había entregado cálculos posicionales sobre un astro desconocido a George Airy, astrónomo real, y al director del Observatorio de Cambridge, James Challis, quienes lo ignoraron. Cuando se enteró del descubrimiento de Le Verrier, Challis rastreó entre julio y septiembre de 1846, sin éxito. Los cálculos de Adams eran inexactos.

Neptuno fue el primer planeta descubierto sólo con lápiz y papel, lo que tuvo un gran impacto. Algunos llegaron incluso a plantear que el fin de la ciencia estaba cerca. “Lord Kelvin dijo que a la física le faltaba resolver dos pequeños problemas: la radiación de cuerpo negro y el resultado negativo del Experimento de Michelson y Morley”, comenta el chileno José Maza, Premio Nacional de Ciencias 1999 y director del proyecto AstroBus, sobre el presidente de la Royal Society de ese entonces. “El primero originó la mecánica cuántica y el segundo la Teoría de la Relatividad. Así de pequeñas eran las cositas de Lord Kelvin. ¿De dónde le venía esa confianza? Del orgullo que significó descubrir Neptuno con un lápiz”.

Inglaterra estaba en shock. Airy comunicó al mundo que recibió los datos de Adams antes que Le Verrier descubriera Neptuno y pidió a París compartir el éxito.

Airy también procedió a ordenar la correspondencia sostenida con Adams y con la elite científica británica y francesa por el caso Neptuno. Archivó todo en una carpeta que nombró “The Neptune File” y depositó en la bodega del Observatorio Real de Greenwich (RGO). Desde ese lugar, y posteriormente desde Cambridge, la respuesta a los historiadores que querían consultar ese expediente siempre fue: “Archivos imposibles de hallar”. En 1994, el bibliotecario de Greenwich, Adam Perkins, anunció que los Papeles Neptuno estaban perdidos desde los años 60. Era difícil creer que documentos con tal valor histórico desaparecieran. Así fue creciendo el rumor de una conspiración británica.

Una vida en la oscuridad

En 1948, en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, Olin J. Eggen obtuvo su doctorado en Astrofísica. Fue pianista, barman y espía durante la Segunda Guerra. Publicó relatos como The Lunatic Fringe bajo el seudónimo de Nilo Negge. Entre 1949 y 1977 investigó en el Observatorio Lick, en California, y fue asistente del astrónomo real en el RGO entre 1956 y 1961, y entre 1963 y 1965. Aquí reordenó la biblioteca trasladada al castillo de Herstmonceaux. Luego sufrió la decepción de no ser nombrado astrónomo real tras la muerte del titular, cargo honorífico cuya misión es informar a la familia real, y quien tradicionalmente cumplía la importante labor de diseñar las cartas estelares para navegación en alta mar.

Tras enseñar en el Instituto de Tecnología de California (Caltech) y el Observatorio australiano de Mount Stromlo, en 1977 Eggen llegó al Observatorio Interamericano Cerro Tololo (CTIO), entonces el más grande del hemisferio sur. Le gustaba trabajar solo. En Notas desde una vida en la oscuridad, apuntó: “Los años recientes revelan una especie en extinción: el astrónomo solitario”.

El astrónomo inglés Malcolm Smith, ex director de AURA en Chile (el consorcio estadounidense que administra el CTIO), lo recuerda como una persona reservada. “Una vez renunció a la mitad de su sueldo para que contratáramos a un astrónomo joven”, rememora. El actual director de CTIO y representante de AURA en Chile, Chris Smith, fue colega de Eggen en los años 90 y dice que en las reuniones se imponía su autoridad. “Si Olin hablaba, todos callaban”, recuerda.

En 1996, Eggen contestó desde La Serena una carta al investigador Peter Andrews, de Greenwich, consultándole por la famosa carpeta de Neptuno. La respuesta fue: “No tengo esos archivos”. La misma respuesta envió al escritor Ian Ridpath. Malcolm Smith recibió otros requerimientos, en particular del investigador Dennis Rawlins, quien siempre creyó que los británicos conspiraron. “Cuando le preguntaba (a Eggen), respondía: No recuerdo tener esos papeles”, cuenta Smith.

El 2 de octubre de 1998, en un vuelo entre Sidney y Canberra, Olin Eggen falleció de un paro cardíaco.

La caja debajo de la cama

El 16 de octubre de 1998 el astrónomo Nick Suntzeff -cofundador del grupo de caza de supernovas High-Z que ganó el Nobel de Física 2011- y la asistente Elaine MacAuliffe ingresaron a la casa de Eggen en La Serena para retirar sus cosas y enviarlas a su familia en California. Unas cajas bajo la cama llamaron su atención: Suntzeff las abrió y alzó un grupo de manuscritos de una carpeta con el nombre “The Neptune File”.

“Fue un shock”, recuerda Suntzeff. “Fue fascinante tocar las cartas de los protagonistas de la controversia Neptuno”. Entre ellas, se contaban 106 remitidas por Airy, 45 por Adams, 41 por Sir John Herschel, hijo del descubridor de Urano y autor del lamento “Lloro la pérdida ante Inglaterra de un descubrimiento que debió ser de ella”; 22 de Challis y 22 de Le Verrier, incluida una en que escribió “Neptuno” y dibujó su símbolo, un tridente, remitida días después de ser notificado que el planeta había sido encontrado.

A fines de octubre de 1998, mientras la noticia se expandía por el mundo con la gran ayuda de internet, en CTIO fotocopiaron los documentos y los enviaron a la sede de los observatorios nacionales en Arizona, a Caltech y al insistente Rawlins.

El 20 de octubre, Adam Perkins solicitó por medio de un correo electrónico a Malcolm Smith chequear la presencia de documentos de propiedad británica. Suntzeff recuerda que el origen de los textos y libros valiosísimos era impreciso. “Entre ellos las cartas de Halley, quien postuló la periodicidad de los cometas al tímido Newton, donde lo instaba a publicar sus teorías”. El 2 de mayo de 1999, Perkins llegó a CTIO. Tras recopilar los archivos (estuvo dos semanas en ello), entregó en reconocimiento una copia de la carta que Darwin escribió a su hermana el 31 de mayo de 1835, desde Coquimbo, cuando recorría el litoral chileno en el Beagle. Resaltó la importancia de que no hubiera reproducciones. Suntzeff le contó de las copias. Perkins meditó y dijo: “A esta altura de la historia ya no importa”. Sonrió y volvió a Cambridge con la valiosa carga.

Suntzeff sostiene que “tener a Olin fue un privilegio: un astrónomo gigante del siglo XX. Era el típico estadounidense del Medio Oeste, para el cual su vida personal es infranqueable”.

El enigma de Eggen

Hay coincidencia en que el descubridor de Neptuno fue Le Verrier y que de alguna forma los ingleses “le robaron” Neptuno. Como apunta Suntzeff, “el francés hizo los cálculos y los publicó, método que la ciencia exige”. El profesor Maza cita a la revista Sky &Telescope, de julio de 2003, que publicó que los ingleses nunca mostraron los cálculos de Adams en la época de la discordia. “Y cuando se conocieron eran imprecisos. Por años se dijo que Airy fue negligente (y también Challis) y que Adams fue genial y había antecedido a Le Verrier. Hoy sabemos que ni Adams fue concreto ni Airy negligente. El descubrimiento es de Le Verrier y lo de los ingleses fue una anécdota desafortunada”, comenta.

En 1862, Adams sucedió a Challis como director del Observatorio de Cambridge, hasta su muerte en 1892. Le Verrier asumió la dirección del Observatorio de París en 1853, hasta su fallecimiento en 1877. Frustrado porque nunca recibió los cálculos de Adams y porque erró en la predicción matemática de un nuevo astro (bautizó en 1860 como Vulcano a un supuesto planeta entre Mercurio y el Sol), envejeció mal.

¿Qué motivó a Eggen? ¿Una revancha por no ser nominado astrónomo real? ¿Su afición de coleccionista de historia de la ciencia? Quienes lo conocieron, como Elaine MacAuliffe y Chris Smith, dicen que estudiaba a los astrónomos reales y los archivos garantizaban la investigación. Sus manuscritos se enviaron a la Universidad de Wisconsin.

Hoy, la biblioteca del CTIO lleva el nombre de Olin J. Eggen. José Maza recuerda que Eggen “trabajó en la estructura de la Vía Láctea y era quien más sabía de moving clusters. Todo indica que tomó y ocultó los archivos. Se ignora qué quería hacer con ellos. Puede que probar la participación de Adams en la trama Neptuno. Cometió el pequeño crimen de haberlos tomado y negarlo, pero no el gran crimen de destruirlos”.

Frente al Observatorio de París está la estatua del descubridor de Neptuno.

“La lección de esta historia es que a las ideas hay que perseguirlas con pasión y no cejar hasta que se demuestren correctas o equivocadas”, concluye Maza. Neptuno y sus trece lunas tardan casi 165 años en completar su giro alrededor del Sol. En él soplan vientos de hasta dos mil kilómetros por hora. Suficientes como para agitar la vanidad humana.

vía Qué Pasa.

 

Etiquetas:

El patrón de Alma

Hoy (21/02/2013) se inaugura el Atacama Large Millimeter Array -el radiotelescopio más grande del mundo- que desde abril tendrá un nuevo director. El francés Pierre Cox se ha llevado una buena impresión de los astrónomos chilenos, pero advierte que este proyecto implica grandes desafíos para la ciencia nacional.

La fecha es fácil de recordar para Pierre Cox. Fue el 10 de septiembre de 2001, el día antes de que cayeran las Torres Gemelas. Ese día partió desde San Pedro de Atacama rumbo al Llano de Chajnantor, una valle a cinco mil metros de altura, casi llegando a la frontera con Bolivia. En el sitio había sólo desierto, algunas construcciones incipientes y un hito que marcaba lo que sería la mitad del Atacama Large Millimeter Array (ALMA), el sistema de radiotelescopios más importante del mundo. Pero de ese proyecto, en el año 2001, no había mucho más que planes. Lo que ha visto ahora, sin embargo, es totalmente distinto.

“Cuando fui por primera vez de nuevo (en diciembre del año pasado), quedé completamente en shock”, dice Cox. “Más de 50 antenas. Es difícil contar. Quedé impactado y todavía lo estoy. Es realmente impresionante”. Cox, astrónomo francés que hasta hace poco se desempeñaba como director del IRAM, uno de los centros de radioastronomía más importantes del mundo, visitó esta vez Chajnantor para conocer el proyecto del que estará a cargo desde abril, ya que acaba de ser nombrado como el nuevo director de ALMA. Pero su contacto con este proyecto va desde mucho antes.

“Fui parte de muchos de los comités científicos de ALMA cuando aún no se había construido”, recuerda Cox.“Era una época de discusiones técnicas, de qué tipo de recibidores, cuántas bandas, cuántas frecuencias, qué tipo de antenas usaríamos”.

-¿Cómo fue esa coordinación al principio?

-Había tres tipos de antenas: las de los americanos, las de los japoneses y las de los europeos, y todas con distintas formas de armarse y distintas especificaciones. Pero creo que éste es una maravilla de proyecto global, exitoso en construir un instrumento que nunca alguien ha hecho, ningún humano ha logrado algo tan grande y todos están explorando cómo funcionará cuando esté al 100%.

-¿Cuál es el sueño que tienen?

-Mi deseo es que veamos cosas sobre las que nadie ha pensado. Sorpresas, grandes sorpresas -se ríe.

-¿Cómo qué?

-Creo que tres cosas, al menos: la primera es explicar cómo se forman las estrellas en realidad. Este proceso todavía se entiende muy poco. ALMA es tan importante para entender la formación de estrellas porque cuando se acumula tanto gas, se transforma en algo tan denso que no es posible ver, se bloquea la radiación de la estrella. Entonces lo único que permite ver a través son los trazos de polvo o moléculas que existen en el núcleo de la actividad de la nube. Otro tema importante en el que ALMA escribirá la historia es el entender cómo evoluciona la materia en torno a estrellas jóvenes, por ejemplo, creando planetas finalmente. No veremos al planeta directamente, pero sí la influencia de este planeta en la materia en torno a las estrellas. Hace veinte años, la gente, cuando hablaba de exoplanetas, creían que nuestro sistema solar era la norma. Hoy hemos podido darnos cuenta de que nuestro sistema es la excepción. Finalmente, el otro tema es la astroquímica, porque la mayoría de las moléculas emiten en ondas. Si tienes sensitividad, tienes la habilidad para tomar cortes de la luz y también de las pequeñas piezas que componen todo y analizar lo que se emite a niveles muy bajos, de baja intensidad. Podremos encontrar los bloques basales de las moléculas que podrían generar vida. De hecho, ya encontramos una de esas moléculas y creo que esto es sólo un ejemplo.

Cox se refiere al hallazgo de moléculas de azúcar, uno de las primeras grandes sorpresas de las observaciones de ALMA. Pero, a pesar de que cuando conversa está lleno de optimismo, también cree que hay desafíos.

-En diciembre pudo ver, en la conferencia que ALMA organizó en Puerto Varas, los resultados del primer año de funcionamiento. ¿Cómo evalúa lo hecho este año?

-Lo primero que habría que decir es que la formación que está funcionando ahora no es el sistema en su totalidad, sino una fracción, que ha partido quizás con diez o dieciséis antenas, entonces es sólo un tercio de las antenas y de la capacidad total. A pesar de esa restricción, creo que los resultados mostrados en Puerto Varas ilustran el hecho de que ALMA tiene un potencial increíble. Hubo resultados interesantes en todas las áreas, desde formación de estrellas a las primeras galaxias. En cada uno de éstas, las conclusiones fueron de cutting edge. Algunas tan buenas que podrían ser cambios de paradigmas en sus temas.

-¿Cuáles serían las deudas de ALMA, lo que aún tiene que mejorar?

-La verdad es que me perdí la charla, el primer día, sobre los problemas -dice riéndose.

La promesa de los chilenos

-Gracias a los acuerdos del gobierno chileno con ALMA, los astrónomos nacionales tienen derecho al uso del 10% de observación en el radiotelescopio, ¿cómo ha sido la interacción, por lo que ha podido ver y escuchar, con los científicos chilenos y los técnicos chilenos que trabajan con ALMA?

-En Puerto Varas pude ver muchas presentaciones de astrónomos chilenos, algunas de ellas muy buenas, hechas por gente muy joven. Muchos de ellos, un grupo de 25 personas más o menos, han estado muy activos, trabajando desde Chile o en otros lados. Yo conozco la comunidad chilena desde hace diez años, porque trabajé mucho con ellos cuando venía regularmente a Chile y creo que hay definitivamente un boom. Eso me dejó muy contento y espero poder ayudarlos y estimularlos lo más posible.

-Porque la ciencia de alta calidad y alto costo es un terreno casi exclusivo del Primer Mundo, ¿o no? ¿Está Chile empezando a aparecer en un nivel similar gracias a estos proyectos?

-Es verdad, pero Chile ciertamente será en el futuro la meca de la astronomía. ALMA ya está acá y vienen más telescopios.

-Y entonces quizás ahí pondrán un telescopio en la Luna…

-Y ahí no seré el director -se ríe a grandes carcajadas.

-Pero esto de ser la meca, ¿se va a transformar realmente en la existencia de una comunidad de científicos de primerísimo nivel o sólo vamos a ser un lugar donde están los telescopios?

-Por supuesto hay un “chorreo” que es natural, por la participación de todos estos jóvenes astrónomos y ahí hay un retorno. Pero creo que tienen una oportunidad fantástica. Tienes que pensar que, quizás a diferencia de otras ciencias, la astronomía es fácil de llevar al público. Si la cuentas bien, puedes hablar por horas y horas y te van a escuchar. Es un efecto fantástico y que pasa hasta con los niños, de cinco, seis o siete años. Creo que en Chile tienen que acordarse de que la astronomía no es sólo el que hace papers; hay una larga cadena, que incluye ingenieros y aspectos técnicos. Esto permite educar en todo tipo de temas científicos, técnicos e ingenieriles.

-¿Qué pueden hacer los chilenos para seguir aprovechando este diez por ciento?

-Los chilenos tienen el justo derecho a este 10% de observación en los telescopios. Es mucho más de lo que obtienen Francia y Alemania combinados, y si ves el número de astrónomos en esos países, creo que hay un quizás diez veces más que en la comunidad chilena. Entonces, tienes una oportunidad increíble. Aunque lo están haciendo muy bien, creo que lo podrían hacer mejor aún si estuvieran más organizados. Uniendo fuerzas, el diez por ciento de ALMA es algo enorme. Se podrían hacer surveys, grandes estudios. ¡Incluso el cinco por ciento es muchísimo! Si las ideas se unieran, podrían hacer proyectos legado en temas gigantes, como investigaciones de alta profundidad y con más gente. Yo espero poder ver a los chilenos uniéndose con una gran propuesta.

vía Qué Pasa.

 
Deja un comentario

Publicado por en 15 abril, 2013 en Ciencia y Tecnología, Tecnología

 

Etiquetas: , , ,

Telescopio Planck captó la luz más antigua del Universo

El telescopio espacial Planck capturó una imagen de la primera luz del Universo. La fotografía corresponde a un fósil cosmológico transformado en “hiperfrecuencias” que surgió hace más de trece mil millones de años, poco después del big bang, según informó la Agencia Espacial Europea (ESA).

Se trata de la imagen espacial con más detalles jamás producida, que los científicos denominan como “la radiación cósmica de fondo” o “radiación cósmica microondas” (CMB). “Para un cosmólogo, este mapa es una mina de oro de información”, señaló el astrofísico de la Universidad de Cambridge George Efstathiou, miembro del equipo científico de la misión Planck.

Esta luz primitiva, congelada en el espacio durante millones de años y que en sus orígenes mostró pequeñas fluctuaciones de densidad que corresponden a lo que después fueron las estrellas y galaxias, tiene ahora una temperatura de sólo 2,7 grados celsius.

Ante el hecho, el experto de la ESA Marcus Bauer explicó que”es una extrapolación enorme en el tiempo y en términos de energía”.
“La cosmología no ha terminado, queda mucho trabajo por hacer” para llegar a tener “una fotografía consistente”, agregó el científico, quien subrayó que “es muy peligroso decir que sabemos lo que pasó (…) sin que se puedan hacer pruebas en la Tierra”.

Esta fotografía única es el resultado del procesamiento de los datos obtenidos hasta ahora por el Planck, un telescopio espacial lanzado en mayo de 2009 en un cohete Ariane 5 desde la base de Kurú, en la Guayana francesa, para cartografiar el cosmos y analizar sus orígenes desde una órbita situada a mil 500 millones de kilómetros de la Tierra.

Años atrás, los satélites COBE (Cosmic Background Explore) y WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe) ya habían producido versiones anteriores de esa fotografía en 1992 y 2003, respectivamente, que establecieron que el universo está compuesto de un 4,5 por ciento de materia ordinaria.

Pero la imagen develada hoy por la ESA es diez veces más nítida que la que consiguió el WMAP hace diez años.

“La misión Planck de la ESA ha sido capaz de ‘sintonizar’ la señal CMB con una precisión sin precedentes, eliminando todas las interferencias y fuentes superpuestas para mostrarnos la radiación cósmica de fondo con un asombroso nivel de detalle”, concluyó la ESA, que ha invertido mil 700 millones de euros y 15 años de estudios preliminares en esa aventura espacial.

via Cooperativa.cl.

 
Deja un comentario

Publicado por en 21 marzo, 2013 en Ciencia y Tecnología, Tecnología

 

Etiquetas: