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El mejor profesor de Chile 2017: “¿Qué buscamos? ¿Un buen puntaje o un alumno íntegro?”

Cree que “debemos tener una mirada distinta como país, sacarnos el individualismo y creer que sólo importo yo y nadie más. Si no, no vamos a crecer como país. Si miramos nuestro entorno, vamos a crecer. Tiene que ver con un cambio social, no pasa por una ley”.

Eduardo Cortés (Santiago, 1981) es el flamante ganador del Global Teacher Prize en Chile de este año, y derrocha pasión por lo que hace. Estudió en la Universidad de Playa Ancha y hace clases en el colegio técnico profesional Diego Echeverría de Quillota, de la Congregación de los Hermanos Maristas, el mismo del cual egresó en enseñanza media.

Obtuvo el premio porque, entre otros, se dedicó a trabajar con sus alumnos en proyectos innovadores como un brazo robótico, una bicicleta que funciona con energía solar o una máquina de soldar hecha con transformadores de microondas.

Es un optimista nato y aunque tiene sus críticas al sistema educacional chileno, cree que siempre va a mejorar.

El profesor Eduardo Cortés.

Un colegio mágico

Aunque se crió de niño en Recoleta, a los ocho años su familia se mudó a Limache. Allí hizo la enseñanza básica, antes de hacer la media en Quillota. Se crió con su madre y su hermana, y se tituló como profesor en 2007. En pareja, se preparar para ser papá de una niña en enero próximo.

Siempre quiso ser docente porque tuvo buenos referentes en la escuela. Además “de alguna manera quería buscar tener una acción social. Uno no solamente hace clases, sino también hace de sicólogo, asistente social, amigo”, comenta.

Por lo que dice, su colegio y sus profesores fueron fundamentales.

“Vengo de un colegio mágico, que da oportunidades para crecer, para ser escuchado, ser querido, ser atendido. Tuve profesores jefes que me ayudaron mucho, como el profesor Oscar Vicente Arancibia, que siempre se preocupó mucho de mí y de mi familia, de los problemas económicos, de los problemas que tenía en la casa. También un profesor de matemática, Héctor Gallegos Valenzuela, que quiere el alumno aprenda de verdad. Uno lo ve, se alegra cuando un alumno aprende, porque es muy didáctico. Una profesora de lenguaje, la profesora Gina Campos Spaguel, muy preocupada de nosotros, que nos trataba de amigos”.

Todo esas cualidades -donde la preocupación por el otro es central-  hicieron que no sólo se sienta identificado hasta hoy con la escuela, sino que decidiera volver.

“Allí se respira un ambiente de calidez. El alumno del Diego Echeverría quiere a su colegio. Su sentimiento de pertenencia es súper importante. Uno le saca todo el provecho que se pueda para que el alumno se desarrolle”, asegura.

Todo en un entorno como Quillota que él describe como alegre. Por algo esa comuna en 2015 logró el número 1 en la V Región en índices de felicidad, según la Fundación Piensa.

Para Cortés, sus alumnos son fundamentales.

Los niños felices

Por eso dice que la estadística oficial que señala que a la mitad de los niños chilenos no les gusta ir al colegio no corresponde en su caso. “Lo que yo estoy viendo a mi alrededor son chiquillos que están bien contentos con el sistema, que están trabajando”.

Eso no es gratis, claro. Cortés dice que es necesario “buscar los medios para encantar a los alumnos”, pero también una cohesión de la propia comunidad escolar, entre “el apoderado, el profesor y el estudiante”.

“Si logramos hacer funcionar este triángulo de la mejor manera posible, no va a haber ninguna dificultad, no va a haber un niño desencantado en la sala, porque por un lado el apoderado va a estar codo a codo con el profesor, trabajando. Recordemos que la base de toda educación es la familia”.

“Yo tengo que confiar en que el alumno es capaz de superarse a sí mismo y lograr las metas a corto y largo plazo. Si tenemos uno de esos actores no constructivos, la educación no puede avanzar. Cada uno tiene que tener el ánimo para ir mejorando”, asegura.

SIMCE y PSU

Tras una década de ejercicio, para Cortés es inmensamente positivo, aunque también ha logrado formarse una opinión de una educación donde en algunos colegios las pruebas estandarizadas como el SIMCE han tomado un rol excesivo.

“Han sido diez años maravillosos. He podido desarrollar mis ideas, y he tenido el apoyo de la dirección siempre para los proyectos de innovación y la búsqueda de que los niños se desarrollen en otras áreas, no solamente en la sala con la pizarra y el plumón”.

“Tengo una mirada más bien positiva de la que generalmente se construye, porque creo que hay cosas que no se están midiendo. Hay muchos colegios en los cuales logran objetivos bien valorados, pero en ámbitos que no son medibles. ¿Qué buscamos en educación de calidad? ¿Un alumno que tenga un buen puntaje en el SIMCE, en la PSU, o un alumno íntegro, responsable?”. Para él, son cosas que no se están observando.

“Hay muchos colegas que estamos trabajando. Son muchos los que buscan que el alumno se desenvuelva en la sociedad, que desarrollen todas las habilidades que tienen. Si nos centramos en la PSU o el SIMCE, es típico que nos vamos a fijar en la brecha, pero yo hablo de otra mirada, de un profesor que ve que sus alumnos se están desarrollando, que vuelven al colegio y nos cuentan su vida”.

Cortés cree que las pruebas son necesarias y que no hay que demonizarlas. “Hay que hacer de todo un poco. Obviamente hay que medir cuantitativamente cuál es el aprendizaje, los contenidos, pero también -y eso le hace falta al país valorar- el otro tema: la formación del alumno como persona”.

Lo mismo pasa con la Evaluación Docente: aunque cree que es necesaria, piensa que hay cosas que no mide, como la cercanía o las habilidades blandas.

Cortés alaba la enseñanza técnico profesional, que históricamente ha sido poco considerada en el debate educacional.

“Es una educación que, de alguna manera, contribuye mucho a que el alumno desarrolle habilidades que le permitan desarrollarse en el futuro”, asegura. “Ya no es una educación terminal, como se planteaba hace muchos años atrás. Ahora estamos viendo que el alumno con ese título puede estudiar o trabajar”.

Cambios necesarios

En cuanto a los cambios necesarios para mejorar la educación, Cortés acepta que algunas demandas históricas del gremio -como reducir el número de alumnos por sala, que actualmente permite un máximo de 45- son importantes, pero piensa que “uno se las tiene que arreglar con lo que tiene y tratar de hacer lo mejor posible”.

“Pueden existir mejoras, claro, pero no dependen de mí o de lo que yo pueda decir. Si tengo 45 alumnos en la sala y tengo que moverlos, hay que moverlos. Hay que hacer que ellos actúen y trabajen. Pero para eso uno que que buscar encantarlos. Ese es, de alguna manera, el sello de nuestro colegio, buscar que todos los jóvenes tengan participación, que sean los actores de la educación, desde su perspectiva y desde lo que ellos puedan aportar”.

Cortés cree que los cambios realizados hasta ahora -como la Ley de Inclusión- han sido positivos, aunque aún haya cosas por mejorar.

“Lo importante es que la sociedad valore todo lo que se ha logrado y trabaje con lo positivo. Uno como profesor tiene que trabajar con lo bueno del alumno, voy a conseguir un resultado espectacular. Si no, no vamos a tener un resultado positivo. Criticar y criticar al alumno no nos va a llevar a ninguna parte. Lo mismo pasa con la sociedad. Ha habido avances -como la Carrera Docente, la gratuidad- y es necesario que eso lo valoremos y tengamos una mirada positiva de lo que se está logrando, más allá de criticar por criticar.

Él tiene fe de que las cosas van a seguir mejorando. “Tengo fe en mi colegio, tengo fe en mi ciudad, y obviamente tengo fe en mi país”.

“Debemos tener una mirada distinta como país, sacarnos el individualismo y creer que sólo importo yo y nadie más. Si no, no vamos a crecer como país. Si miramos nuestro entorno, vamos a crecer. Tiene que ver con un cambio social, no pasa por una ley”.

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Publicado por en 14 noviembre, 2017 en Arte y Cultura, Letras, Política

 

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Conoce el colegio chileno que rompe paradigmas enseñando tradiciones indígenas

Desde hace 30 años, el Liceo Intercultural Guacolda, en el sur de Chile, ha trabajado por valorar, preservar y fortalecer tradiciones del pueblo originario Mapuche. Así lo hacen desde el currículo y la infraestructura del lugar.

El sistema debe reconocer y valorar al individuo en su especificidad cultural y de origen, considerando su lengua, cosmovisión e historia”. Esta frase es uno de los principios de interculturalidad consagrados en la Ley General de Educación, donde se señala la importancia de promover el respeto por las diferencias, la no discriminación, el reconocimiento y la valoración de las diversas culturas que coexisten en el territorio chileno, entre ellas, el pueblo originario Mapuche, que habita principalmente la Región de la Araucanía en Chile. Por más de 30 años, un colegio ubicado en Chol Chol (Región de la Araucanía) se ha preocupado por no olvidar y fortalecer desde los proceso de educación, este principio fundamental.
Se llama Liceo Intercultural Guacolda y desde varios punto de vista, llama la atención.

Lo primero que hay que resaltar es su infraestructura; todos los salones de este establecimiento educativo son circulares y tiene amplios ventanales que apuntan hacia la salida del sol. Según la directora, este diseño potencia la enseñanza de un programa que están enfocado en las costumbre de este pueblo originario y promueve la diversidad cultural. Este hecho también se evidencia en elementos como el Rehué (altar de ceremonias Mapuche) que se encuentra afuera de las salas de clase y donde se hacen ceremonias que dentro de la escuela son consideradas instancias de aprendizaje. En el Liceo Intercultural Guacolda, también hay niños que han sentido el llamado para ser “Machi”, una autoridad protectora y religiosa que antes que nada, debe pasar por una iniciación larga y compleja; la escuela en estos casos se ha encargado de acompañar a esos niños en todo el procesos ceremonial que implica convertirse en esa figura de la comunidad.

Kulmapu

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Interculturalidad

El Liceo Guacolda no se rige por los planes y programas tal cual como el Ministerio de Educación los propone. Ellos tienen sus propios programas donde incorporan asignaturas como Lengua Mapuche (Mapundungun), Medicina Tradicional Mapuche, Cultura y Sociedad Mapuche, Música y Comida Mapuche. El objetivo es valorar las tradiciones, fortalecerlas y crear un ámbito educativo donde todos los estudiante se sienten incluidos y respetados en términos culturales, facilitando así su aprendizaje. En otras palabras, buscan ofrecer una educación sin prejuicios y tal como lo sugiere el nombre del establecimiento, una educación intercultural donde las ideas y acciones de distintos grupos culturales no están unas por encima de otras.

Kulmapu

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Origen: Elige Educar

 
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Publicado por en 23 junio, 2017 en Arte y Cultura

 

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El laboratorio

En 2007, la USACH implementó el Propedéutico, un sistema alternativo a la PSU que selecciona al 10% superior del ranking de notas de los liceos vulnerables para que entren directo a la universidad, un plan que el gobierno acaba de hacer suyo a través del PACE . ¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Logran los alumnos llenar las graves falencias de su educación media? Hablan sus protagonistas.

El jueves 29 de mayo, mientras la presidenta Michelle Bachelet anunciaba la implementación del Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo (PACE) para la educación superior en La Moneda, entre el público asistente tres estudiantes de la USACH escuchaban atentas su discurso. Eran las hermanas Ángela (23), Elisa (22) y Camila (20) Herrera Toro, quienes ingresaron años atrás a sus carreras a través del Propedéutico, un sistema alternativo a la PSU que permite que los mejores alumnos de liceos de alta vulnerabilidad puedan llegar a la universidad.

Ángela, Elisa y Camila estudiaron en el Complejo Educacional Pedro Prado de la comuna de Lo Prado, y aunque su promedio de notas de enseñanza media superaba el 6,4, es decir, fueron parte de las mejores de su promoción, su puntaje en la PSU bordeaba los 500 puntos. Sin embargo, llegaron a la universidad a través del Propedéutico, que desde el año 2007 ha permitido que el 10% de los mejores alumnos de once liceos vulnerables de la Región Metropolitana y Rancagua, accedan a la USACH. Pero el ingreso no es directo: a partir del segundo semestre de cuarto medio deben ir a clases los sábados de Lenguaje, Matemática y Gestión Personal y sólo los que aprueban los ramos con un 100 % de asistencia ingresan primero a Bachillerato y luego compiten, como cualquier alumno que entró vía PSU, por un cupo en una carrera.

En 2009, dos años más tarde, el Propedéutico fue emulado por varias otras universidades, como la Cardenal Silva Henríquez y Alberto Hurtado. Y poco a poco se han ido sumando otras instituciones, entre ellas la Universidad Técnica Metropolitana (UTEM), la Católica del Norte y de Temuco, la de Antofagasta, la de Los Lagos y la Austral campus Patagonia, entre otras. Y a partir de 2013, a la lista se agregaron la Católica de la Santísima Concepción, la Federico Santa María, la de Magallanes y la de Valparaíso. Hoy son 15 las que se han adscrito al sistema.

Siete años después de este “experimento” que partió en la USACH con el apoyo de la Unesco y de la mano de los profesores Francisco Javier Gil, Máximo González y Jaumet Bachs, entre otros, el gobierno convirtió al PACE en su primer plan piloto y como la tercera medida en educación en sus primeros 100 días. De hecho, convocó a Gil y a Bachs, quien estaba en la Fundación Equitas y ha participado en el Propedéutico Usach desde sus inicios, a asesorar al Mineduc especialmente para el proyecto.

La base del PACE, que partirá en cinco regiones, es muy similar al Propedéutico, pero con una mayor cobertura y años de preparación de los escolares. En su primera etapa asegura un cupo de ingreso a las universidades a partir de 2016 para 1.138 alumnos -de un universo de 7.583 candidatos que cursan hoy tercero medio- que sean parte de 15% superior del ranking de notas dentro de su establecimiento, que provengan de 67 colegios de todo el país que tengan un Índice de Vulnerabilidad Escolar (IVE) del 83% y que jurídicamente no permitan el lucro.

También tiene las mismas materias de apoyo a los estudiantes que el Propedéutico. Pero con una diferencia: el acompañamiento a los escolares se dará a partir de los primeros años de enseñanza media y no en el último semestre de cuarto, como ocurre hoy.

Si bien en julio de 2014 el PACE partirá con los terceros medios, el 2015 integrará a alumnos de cursos inferiores. Esto, a fin de que cuando ingresen a la educación superior, sus falencias no sean tan notorias con respecto a quienes viene con una mejor base académica, algo que ha ocurrido en varios casos del Propedéutico, pues en general al comienzo sus notas son más bajas que las de sus compañeros.

Pero de a poco esa situación se revierte y suben sus notas. “Una buena prueba de que la PSU no es un índice de éxito, es que el promedio de titulación de los alumnos de universidades del Consejo de Rectores (CRUCH) es del orden del 50%. En cambio, si bien recién hay una primera generación de Propedéutico que egresó de la USACH, la retención de los estudiantes es del 61%, lo que quiere decir que el mérito escolar en contexto es un mejor indicador de éxito que la PSU”, dice Máximo González, director de pregrado de la USACH y del Programa Propedéutico.

El 2015, el PACE sumará 330 colegios para 3.000 cupos, y el 2017, 834 colegios para 13 mil cupos. Aunque la rendirán, la PSU no será requisito. “Ya se sabe que tienen motivación, facilidad y gusto por el estudio superiores a la media nacional”, explica Gil, quien es profesor de la USACH y la UC.

ENSAYO, ERROR

El primer experimento que hizo la USACH con un sistema de ingreso alternativo fue en 2006, cuando escogió a los ocho mejores alumnos de los cuartos medio del Liceo Industrial Presidente Pedro Aguirre Cerda de Rancagua (LIPPAC) para entrar a Ingeniería, independiente del puntaje en la PSU. El resultado fue desalentador: a los dos meses sólo quedaban dos de ellos y hoy sólo uno sigue en la universidad, pero se cambió a Licenciatura en Ciencias de la Actividad Física.

“Esa experiencia nos ayudó a aprender mucho. Los chiquillos eran de provincia y se sentían solos. Nos dimos cuenta que era necesario hacer un acompañamiento previo, tanto personal como de contenidos”, explica Máximo González.

Entonces cambiaron de estrategia. Y un año después, en 2007, la USACH partió con el primer Propedéutico, y en 2008 ingresaron 46 alumnos. Con ellos, y con las siguientes generaciones, se hizo el acompañamiento que no tuvo el grupo del L IPAC, con clases los sábados durante cuatro meses y luego, con los seleccionados, un curso intensivo de matemáticas durante tres semanas de enero que los preparaba para las primeras clases de Bachillerato. Un incentivo es que la nota que obtienen se homologa al primer control que tengan en la universidad.

Esa primera generación tenía un promedio PSU de 438 puntos, una cifra que ha ido subiendo, pues al 2013 el último grupo que entró a la USACH obtuvo 549 puntos, algo que según Gil y González demuestra que los alumnos de los liceos que han sido parte del proyecto se han motivado a estudiar más ante la posibilidad de acceder a la educación superior.

“Hay que considerar que estos alumnos provienen de colegios en que sus estudiantes no ingresan a la educación superior. En 2013, en Chile hubo 347 colegios que no dejaron ningún alumno en la universidad, y con certeza hoy sabemos que entre esos establecimientos hay muchos con capacidades. Porque la inteligencia está distribuida homogéneamente en todos los sectores de la sociedad”, dice Máximo González.

Y agrega: “Estos estudiantes no ingresan a la universidad porque son pobres, sino porque son inteligentes. Han aprovechado al máximo lo que les entregó su colegio, independiente de cómo hayan sido sus contenidos”.

El profesor Máximo González dirige el Programa Propedéutico desde 2007. Al lado, las hermanas Ángela, Elisa y Camila Herrera Toro, estudiantes de la Usach.

LAS FALENCIAS DE LA ENSEÑANZA MEDIA

Ángela Herrera Toro fue la primera de sus hermanas en entrar a la universidad. Aunque en su familia siempre incentivaron a sus hijas a estudiar, Ángela estaba segura que apenas egresara del liceo, debía trabajar para ayudar en su casa. No había otro futuro.

El caso de la familia Herrera es un ejemplo de lo que en la USACH llaman “el efecto del hermano mayor”. “Si el hermano mayor de una familia vulnerable entra a la universidad vía Propedéutico, los hermanos menores se ponen en fila. En siete años, tenemos muchos casos así”, explica González.

Ángela y Camila estudian Tecnólogo en Administración de Personal, mientras que Elisa Lingüística Aplicada a la Traducción con mención Inglés-Japonés. Las tres trabajan como empaquetadoras en un supermercado para ayudar a su familia. Y a las tres les va bien en sus clases.

Pero el camino para ninguna de ellas fue fácil, algo que ocurre, en general, a muchos alumnos que ingresan a la universidad vía Propedéutico: sus primeras notas no sólo son muy bajas, sino que al comienzo se sienten en desventaja frente a sus compañeros de Bachillerato debido a las falencias en su enseñanza escolar.

“Hay que tomar en cuenta que en Chile a nivel nacional se cubre alrededor del 60% de los contenidos mínimos de educación media. Y esto se hace más pronunciado en la medida que el Índice de Vulnerabilidad Escolar (IVE) es mayor. Crece el IVE, crece la cantidad de contenidos no cubiertos. Por eso es que la diferencia de puntaje en la PSU que mide cuánto sabe un joven, decrece desde los particulares pagados, particulares subvencionados y los municipales”, dice Francisco Javier Gil.

De esas falencias se dio cuenta, rápidamente, Camila Herrera apenas entró a Bachillerato. “Al comienzo me sentía en desnivel respecto de mis compañeros. Ellos sabían hablar y hacer exposiciones, sobre todo los que venían de liceos emblemáticos. En cambio, yo no sabía leer, o más bien no sabía comprender lo que leía. Era muy estresante al principio, sobre todo Filosofía”, cuenta.

Camila egresó con promedio 6,5 del liceo. Pero no aprendió a redactar sino hasta que llegó a la universidad, donde hoy está al mismo nivel que sus compañeros de carrera y subió sus notas hasta sacarse varios 6. “Recuerdo que jamás aprendí a tomar apuntes. Nos dictaban y nos hacían copiar páginas de un libro. Yo me preguntaba ¿y qué aprendo con eso?”.

Esas falencias de las que habla Camila las conoce muy bien Máximo González, quien las detectó también en sus clases de Matemáticas. Recuerda que al recibir a los alumnos de Propedéutico se encontró con sorpresas. “Muchos estudiantes de cuarto medio no tenían conocimiento de las fracciones ni de los decimales”, explica. Por ello, la nivelación debió ser regresiva y han tenido que pasar, antes de que entren a la universidad, contenidos de primero y segundo medio.

Pero esos vacíos no sólo se perciben en Matemáticas. Marcela Orellana, directora de Bachillerato de la USACH, cuenta que en la prueba de diagnóstico de Lenguaje, tras un test de redacción, se detectó que los estudiantes “aunque tenían ideas muy interesantes, no planteaban ningún orden en sus ensayos. Son alumnos que vienen con pocas referencias culturales, pero que se superan rápidamente porque son inteligentes”.

Pero hay un punto en el perfil de estos estudiantes que Máximo González le llama resiliencia: como están acostumbrados a ser buenos alumnos desde el colegio, estudian, suben sus notas y se nivelan “hasta hacerse indistinguibles entre sus compañeros”.

Es el caso de Stipf Melillán (20), quien acaba de entrar a Ingeniería Comercial. En su primer control en Matemáticas en Bachillerato se sacó un 1, pese a que en su liceo tenía promedio sobre 6 en el ramo. “Yo el primer año lo di por muerto. Fue muy difícil el cambio, me sentía en desventaja porque no dominaba bien las materias”.

Stipf finalmente reprobó el curso. Pero al segundo año no sólo aprobó Matemáticas. También empezó a sacarse varios 7. “Estudiaba mucho. Me dediqué en un 100% porque era la única manera de no perder el cupo”.

Marcela Orellana recuerda que cuando Stipf reprobó, le pidió que pensara primero por qué le fue mal y luego por qué le fue tan bien. “A las dos semanas, me dijo: nosotros veníamos sin ninguna metodología de estudio. Me contó que él antes sólo podía concentrarse durante 10 minutos, pero que fue desarrollando un método y logró estudiar. Es un caso emblemático para nosotros”.

Pero no el único caso. Gabriel Droguett fue uno de los mejores promedios de Bachillerato, con un 6,5. Por ello, tenía un cupo asegurado en Medicina, uno de los más codiciados de la universidad. “Pero yo nunca quise Medicina, sino Ingeniería Civil Eléctrica”, dice sentado en la cafetería de la USACH.

Gabriel estudió en el Liceo Industrial Presidente Pedro Aguirre Cerda de Rancagua. Fue uno de los más altos promedios de su promoción y hoy está entre los mejores de su carrera. Recuerda que la primera nota que le entregaron en Cálculo fue un 1,8. “Pero nadie dijo que esto iba a ser fácil. Porque si fuera fácil, esto lo haría cualquiera”, dice.

Sus falencias no sólo estaban al comienzo en Matemáticas, sino también en Filosofía, materia que vio por primera vez en la universidad. Pragmático, entonces estudió el doble y el triple, y al mes ya estaba al mismo nivel que sus compañeros. De hecho, hoy es ayudante de Cálculo 2 en Ingeniería.

Su experiencia en el Propedéutico tampoco le fue difícil. Pero hoy ve la ampliación del PACE con aprehensión: “Es muy buena idea. Pero puede existir el riesgo de que muchos alumnos quieran ingresar a estos colegios porque son más fáciles y asegurarse un cupo en la universidad. A lo mejor no va a ser masivo, pero a más de alguno se le va a ocurrir y el filtro va a estar entre los propios compañeros. Por eso esto tiene que estar acompañado de calidad”.

vía Qué Pasa.

 
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Publicado por en 10 junio, 2014 en Política

 

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El juicio de Maturana: Le debo todo a un Chile que no existe, uno de educación gratuita

Humberto Maturana cuenta que cuando niño vivía en una mediagua. Que su madre era asistente social y que en los momentos en que las cosas mejoraron se cambiaron junto a su abuela a un cité. Dice que si hubiera nacido en estos tiempos, su suerte hubiera sido muy distinta a la que en definitiva tuvo: convertirse en médico de la Universidad de Chile, neurofisiólogo del University College de Londres, doctor en Biología de la Universidad de Harvard, autor de decenas de libros, entre ellos clásicos como El árbol del conocimiento y El sentido de lo humano.

Dice que esa suerte se llama educación gratuita. Y también salud gratuita: “Me enfermé del pulmón y la medicina pública me mantuvo gratis un año en el hospital y un año en el sanatorio… ¡Yo se lo debo todo a este país! ¡Todo! Sin la medicina pública, yo no me mejoro; sin la educación pública yo no puedo llegar a la universidad; sin la universidad gratuita… Y ahora resulta que me entrevistan porque soy una persona ‘tan importante’ y si me preguntan a qué se lo debo, les digo: al país, a Chile”.

Preocupado por el rumbo del debate en torno a la educación, el científico piensa que el primer problema es que los actores en el conflicto -autoridades y estudiantes-no están en el mismo plano.

“El gobierno honestamente quiere ayudar a corregir errores, deficiencias. Pero los estudiantes están pidiendo una cosa distinta: generar un espacio de convivencia en el cual no se cometan esos errores. No es un tema de voluntad, es un tema que tiene que ver con la comprensión de la naturaleza de lo que se pide o lo que se desea y la disposición de hacer algo. Sí, el gobierno corrige errores, compensa deficiencias, para compensar situaciones particulares… y no resultan satisfactorias, porque lo que se está pidiendo es una cosa radicalmente distinta”.

¿Son necesarios cambios de fondo en la educación?
Depende de cómo convivamos, de cuál sea nuestra actitud síquica. Si hay desigualdad o discriminación en la educación, quiere decir que hay una actitud fundamental que tiene que ver con que en el fondo se siente que la desigualdad es legítima. Si yo pienso que hay seres humanos de primera y de segunda clase, simplemente voy a separar a los de primera y segunda clase. Si pienso que hay seres humanos inteligentes y otros no tan inteligentes, los voy a separar. Y todos los seres humanos son esencialmente igual de inteligentes, porque la inteligencia tiene que ver con la plasticidad conductual en un mundo cambiante… y la plasticidad conductual que se requiere para vivir en el lenguaje es tan gigantesca, que si estamos en el lenguaje somos igualmente inteligentes.

Pero hoy en Chile el factor fundamental de desigualdad es el hogar donde nacemos; eso nos determina…
No nos determina. Constituye un punto de partida que no tenemos por qué conservar. Si reconocemos que, primero, todos los niños son igualmente inteligentes; que el que sigan un camino u otro no depende de su inteligencia sino del entorno; que las dificultades de los estudiantes no son nunca relacionadas con la inteligencia, sino que son del espacio emocional, particularmente en los niños más pequeños, entonces tenemos que preocuparnos de ese entorno en el cual los niños nacen atrapados, en un espacio que los deja segregados de partida, no por su condición humana sino por su condición circunstancial económica. Entonces tengo que modificar las circunstancias en que nació, no generar más discriminación. Por ejemplo, si genero colegios de excelencia y otros de no tanta excelencia, ¿qué estoy haciendo? Por supuesto que ahondando la diferencia, condenando a aquellos niños que se encontraron por circunstancias de la historia naciendo en un ámbito restringido, que les impide transformarse adecuadamente en su crecimiento como miembros de la comunidad, estoy condenándolos a algo que no es legítimo para ellos, siendo igualmente inteligentes que los otros.

El argumento del gobierno es que lo fundamental es la libertad de educar…
Es que no hay libertad de educar o de elegir si estoy en condiciones diferentes. Para que yo tenga libertad de escoger y otra persona a mi lado también la tenga, tenemos que estar en la misma posición inicial. Si quiero evitar esas discriminaciones, esas brechas, tengo que generar las condiciones para que este niño pueda tener las mismas posibilidades para el desarrollo de sus preferencias que este otro.

¿Hay herramientas para lograrlo? Tal vez hay que plantearlo como el gran objetivo… ¿o ya lo es ?
Yo creo que no, porque hay diferencias que tratamos como legítimas: si este niño nació en una cuna dorada y este otro nació en una cuna gris, decimos “circunstancias de la vida, no tengo nada que hacer”. Frente a esa actitud, lo único que haré es ahondar las diferencias. En cambio, si pienso que ésta es una situación accidental que no quiero que suceda, porque es ilegítima para un vivir humano cuando uno quiere un vivir democrático, entonces haré algo para que tengan condiciones de vida iguales.

¿Por qué cuesta tanto convencernos de esto que parece tan básico: que somos todos iguales y merecemos las mismas oportunidades?
Porque no se piensa que son iguales. De cierta manera no somos iguales: somos hombres y mujeres, somos altos y bajos, somos gordos y delgados… no somos iguales. En lo que somos iguales es en la inteligencia. Tenemos que cambiar nuestra psiquis, tenemos que aceptar que es cierto que hay una discriminación que no tiene ninguna justificación, que es un accidente histórico que queremos corregir. En la historia de Chile este reconocimiento de igualdad fundamental se ha intentado de varias maneras. En la Constitución del año 1925, con la declaración de que la educación es responsabilidad del Estado y que tiene que ser igual para todos. Y para que sea igual para todos se crea la educación primaria gratuita. Y se hace una concepción de lo fundamental que tiene que aprender un niño para ser un ciudadano legítimo. Eso es muy potente. Pero nos olvidamos de eso, porque la educación ya no es una responsabilidad del Estado, no está en la Constitución.

¿Y quién tiene la responsabilidad de dar el primer paso?
Bueno, todos: el gobierno, los políticos de una denominación y otra, las empresas, los ciudadanos. Todos tenemos la responsabilidad porque es un problema de nuestra convivencia democrática. Y cuando los jóvenes se manifiestan, no llaman la atención simplemente para decir “aquí estoy”, sino para invitar a la acción.

Cuando comenzaron las movilizaciones, el año pasado, las demandas eran netamente estudiantiles; pero después derivaron a otros temas, y se les criticó mucho, se decía: “Qué tienen que estar pidiendo cambios en la Constitución o una reforma tributaria”.
Todas esas cosas tienen interconexiones. Por ejemplo, hay que revisar la Constitución porque le da el carácter al país. Es completamente distinto tener una constitución que dice que la educación es un tema de competencia pública porque pertenece al espacio del mercado, a decir que la educación es un tema de responsabilidad pública porque pertenece a la noción de país que queremos hacer.

¿Qué carácter nos da la Constitución actual?
Si tengo en un momento determinado una constitución que dice “la educación es responsabilidad del Estado”, se toman ciertas medidas en un momento histórico particular que resultan en que efectivamente se mejora la capacidad de la comunidad. Hoy vemos que son los jóvenes los que están quejándose, pero muchos de los adultos que los escuchan pertenecieron a una historia distinta del espacio educacional. Yo mismo, por ejemplo. El cambio de la educación se hizo en 1980. Y todas las personas que tienen cincuenta años, sesenta años, vivieron una educación distinta, que hizo posible un país enorme. Cuando en Chile se produce el golpe militar, se produce un cambio radical y Chile no se desmorona. ¿Se ha preguntado usted por qué no se desmorona? Fíjese que en Cuba, cuando se produce la revolución, Cuba se desmorona, y tienen que ir de México, de Chile, de Colombia, de aquí y allá, una cantidad enorme de gente que va a apoyar eso que es nuevo, con la esperanza de que sea algo efectivamente nuevo, porque el país perdió toda o gran parte de su capacidad creativa. En Chile, se va gente con la reforma universitaria, se va gente porque vino Allende, se va gente por el golpe militar… y el país sigue vivo, sigue con capacidad intelectual, sigue con capacidad creativa, ¡sigue con capacidades! ¿Y de dónde venían esas capacidades? ¿Del extranjero? ¡De aquí, de Chile! De todo lo que había pasado hasta 1973 en la educación.

Pero esa educación llegaba solamente a unos pocos. Hoy existe educación, buena o mala, para muchos.
La población era menor, así que esos pocos significaban muchos para el país. No estoy diciendo que se resolvieron todas las cosas. Pero se siguió un camino, y ese camino, cuando viene el golpe y el éxodo, igual deja al país todavía con una capacidad productiva y creativa enorme. No estoy diciendo volvamos atrás: estoy diciendo que no miremos en menos nuestra historia. El sistema educacional que se creó ahondó las diferencias. ¿Entonces cuál es la queja de los jóvenes? Por favor, hagamos algo, no nos condenemos a estar discriminados como si fuésemos unos más inteligentes que otros, cuando no es el caso.

¿El problema de la desigualdad educacional sirve para explicar otras cosas que pasan en Chile, como la delincuencia, la discriminación…?
Yo creo que sí. Porque implica una psiquis, un modo de pensar que no pertenece exclusivamente al ámbito de la educación, pero allí se manifiesta, allí se puede ver. Es un modo de pensar que valida la discriminación, que pone un criterio de vivir que se llama excelencia, éxito, progreso, crecimiento…

Todas palabras que consideramos…
¡Discriminadoras!

Iba a decir “muy positivas”…
Sí, claro, pero son discriminadoras. Por ejemplo, el éxito. ¿Y qué es el éxito? Que yo soy mejor que el otro. Con lo cual conservo todas las cosas que me hacen mejor que el otro, vivo en competencia. ¿Y es mejor el que gana la competencia? ¿Es intrínsecamente mejor?

¿Y por qué no lo es?
Porque no es mejor intrínsecamente, sólo circunstancialmente. Una diferencia circunstancial la trato como intrínseca y genero una discriminación tremenda. La vida cotidiana de un país no es una competencia olímpica. Es otra cosa. La democracia es un espacio de colaboración en un proyecto común. Ésa es la intención de la democracia. Ésa es la obra de arte de la democracia.

¿Existe la posibilidad de que nos juguemos asuntos de fondo en las próximas elecciones?
Claro que existe la posibilidad. Lo que habría que hacer es realizarla: hay posibilidad porque hay una transición, una elección de un pensar… Ahora, ¿queremos hacer eso o no? ¿Tomamos efectivamente en serio esto de que es una transición de un pensar, una transición de una posición síquica distinta en un caso y en otro? Eso va a aparecer en la conversación. El problema con las elecciones es que las vivimos siempre como oposiciones.

Pero en las elecciones tiene que haber un ganador…
No tiene que haber un ganador: tiene que haber un elegido. Es distinto. Porque lo que hace una elección es asignar responsabilidad. Pero si yo lo pongo como ganador, la reacción es: “¡Ganamos, ahora tenemos el poder!”.
(*) Fuente/revistaquepasa/30.08.2012

¿PARA QUÉ SIRVE LA EDUCACIÓN?
Quiero empezar con el “para qué” por una razón muy simple. Porque si uno se pregunta ¿sirve la educación actual a Chile y a su juventud?, uno está haciendo la pregunta desde el supuesto de que todos entienden lo que la pregunta pide. Pero ¿es cierto eso? La noción de servir es una noción relacional; algo sirve para algo en relación a un deseo, nada sirve en sí. En el fondo la pregunta es ¿qué queremos de la educación? Pienso que uno no puede considerar ninguna pregunta sobre el quehacer humano en lo que se refiere a su valor, a su utilidad, o a lo que uno puede obtener de él, si uno no se pregunta lo que quiere. Preguntarse si sirve la educación chilena exige responder a preguntas como: ¿qué queremos con la educación?, ¿qué es eso de educar?, ¿para qué queremos educar?, y, en último término, a la gran pregunta: ¿qué país queremos?

Pienso que uno no puede reflexionar acerca de la educación sin hacerlo antes o simultáneamente acerca de esta cosa tan fundamental en el vivir cotidiano como es el proyecto de país en el cual están inmersas nuestras reflexiones sobre educación. ¿Tenemos un proyecto de país? Tal vez nuestra gran tragedia actual es que no tenemos un proyecto de país. Es cierto que no podemos jugar a volver al pasado. Sin embargo, como profesor universitario me doy cuenta de la existencia de dos proyectos nacionales, uno del pasado y otro del presente, claramente distintos, uno que yo viví como estudiante y otro que encuentro se ven forzados a vivir los estudiantes actuales.

Yo estudié para devolver al país lo que había recibido de él; estaba inmerso en un proyecto de responsabilidad social, era partícipe de la construcción de un país en el cual uno escuchaba continuamente una conversación sobre el bienestar de la comunidad nacional que uno mismo contribuía a construir siendo miembro de ella. No era yo el único. En una ocasión, al comienzo de mis estudios universitarios, nos reunimos todos los estudiantes del primer año para declarar nuestras identidades políticas. Cuando esto ocurrió, lo que a mí me pareció sugerente fue que, en la diversidad de nuestras identidades políticas, había un propósito común: devolver al país lo que estábamos recibiendo de él. Es decir, vivíamos nuestro pertenecer a distintas ideologías como distintos modos de cumplir con nuestra responsabilidad social de devolver al país lo que habíamos recibido de él, en un compromiso explícito o implícito, de realizar la tarea fundamental de acabar con la pobreza, con el sufrimiento, con las desigualdades y con los abusos.

La situación y preocupaciones de los estudiantes de hoy han cambiado. Hoy los estudiantes se encuentran en el dilema de escoger entre lo que de ellos se pide, que es prepararse para competir en un merado profesional, y el impulso de su empatía social que los lleva a desear cambiar un orden político cultural generador de excesivas desigualdades que traen pobreza y sufrimiento material y espiritual.

La diferencia que existe entre prepararse para devolver al país lo que uno ha recibido de él trabajando para acabar con la pobreza, y prepararse para competir en el mercado ocupacional, es enorme. Se trata de dos mundos completamente distintos. Cuando yo era estudiante, como ya lo dije, deseaba retribuir a la comunidad lo que de ella recibía, sin conflicto, porque mi emoción y mi sensibilidad frente al otro, y mi propósito o intencionalidad respecto del país, coincidían. Pero actualmente esta coincidencia entre propósito individual y propósito social no se da porque en el momento en que uno se forma como estudiante para entrar en la competencia profesional, uno hace de su vida estudiantil un proceso de preparación para participar en un ámbito de interacciones que se define en la negación del otro bajo el eufemismo: mercado de la libre y sana competencia. La competencia no es ni puede ser sana porque se constituye en la negación del otro.

La sana competencia no existe. La competencia es un fenómeno cultural y humano y no constitutivo de lo biológico. Como fenómeno humano la competencia se constituye en la negación del otro. Observen las emociones involucradas en las competencias deportivas. En ellas no existe la sana convivencia porque la victoria de uno surge de la derrota del otro, y lo grave es que, bajo el discurso que valora la competencia como un bien social, uno no ve la emoción que constituye la praxis del competir, y que es la que constituye las acciones que niegan al otro.

Recuerdo haber asistido a un curso de economía dictado en la Universidad Católica por un economista de la escuela de Chicago, pues quería entender a los economistas. El centró su discurso en las leyes de la oferta y la demanda. Nos habló de los reemplazos de importaciones por producciones locales y de las exportaciones en el libre mercado, destacando las bondades de la sana competencia, etcétera. Yo le pregunté si en el encuentro mercantil hay alguna diferencia cuando los que participan en él son amigos y se respetan, con respecto a cuando no lo son, no se conocen y no se respetan. El no supo qué contestar. Por lo menos eso me reveló que era una pregunta que jamás se había hecho, porque quien se haga esa pregunta no puede sino trabajar para obtener una respuesta, pues se trata de una pregunta fundamental. No es lo mismo un encuentro con alguien que pertenece al mundo de uno y a quien uno respeta, que un encuentro con alguien que no pertenece al mundo de uno y que es para uno indiferente, aunque esto sea en la simple transacción mercantil que nos parece tan obvia y tan clara. No es lo mismo porque las emociones involucradas son distintas.

De modo que los jóvenes chilenos están ahora, implícita o explícitamente, empujados por el sistema educacional actual a formarse para realizar algo que no está declarado como proyecto nacional, pero que configura un proyecto nacional fundado en la lucha y la negación mutua bajo la invitación a la libre competencia. Aun más, se habla de libre competencia como si esta fuese un bien trascendente válido en sí y que todo el mundo no puede sino valorar positivamente y respetar como a una gran diosa, o tal vez un gran dios, que abre las puertas al bienestar social, aunque de hecho niega la cooperación en la convivencia que constituye lo social.

vía Revolución.

 
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Publicado por en 3 marzo, 2014 en Miscelaneo, Política

 

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Tohá asegura que hay ‘buena disposición’ a entregar liceos tomados para primarias

“Los dirigentes de los centros de alumnos de los colegios de la comuna de Santiago, mayoritariamente han expresado una buena disposición. Conociendo a los dirigentes de Santiago, que son personas que tiene un compromiso serio con la democracia y entienden su demanda de mejoramiento de la educación pública también como una agenda democratizadora”, afirmó.

La alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, aseguró este domingo que, al menos en la comuna que ella dirige, los estudiantes han mostrado “una buena disposición” para entregar los establecimientos que mantienen ocupados y que corresponden a locales de votación para las primarias del 30 de junio.

“Los dirigentes de los centros de alumnos de los colegios de la comuna de Santiago, mayoritariamente han expresado una buena disposición. Conociendo a los dirigentes de Santiago, que son personas que tiene un compromiso serio con la democracia y entienden su demanda de mejoramiento de la educación pública también como una agenda democratizadora”, afirmó.

La alcaldesa Tohá comentó que tras las conversaciones que han tenido con los estudiantes de los siete colegios de la comuna que permanecen tomados, la respuesta ha sido positiva. En ese sentido, dijo esperar que esa voluntad prime en el resto del país donde se presentan conflictos.

“Hemos encontrado en la mayoría de ellos una buena recepción a comprometer la entrega de los establecimientos. Y yo espero que esa sea la tónica mayoritaria, la que se imponga en todos los colegios, porque sería muy ajeno a la tradición del movimiento estudiantil obstaculizar el desarrollo de un acto electoral”, sostuvo.

Consultada acerca los pasos a seguir en caso de que los estudiantes se nieguen a deponer las tomas, como lo anunciaron el sábado, la jefa comunal afirmó que la idea es resolver el tema de la mejor manera y evitar posturas de enfrentamiento.

“Yo voy a empeñar todas las posibilidades para que lo podamos resolver de buena manera. Y me gustaría que todas las autoridades empujaran en esa dirección. A veces uno escucha unos discursos en el Gobierno, medio incendiarios, que más bien se retroalimentan con los grupos más extremos que están dentro de los estudiantes”, sentenció.

vía El Mostrador.

 
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Publicado por en 24 junio, 2013 en Política

 

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Coordinadora de educación de Bachelet admite que la gratuidad incluirá a universidades privadas

La coordinadora de educación del comando de Michelle Bachelet, Valentina Quiroga, salió al paso esta mañana a las críticas que Andrés Allamand lanzó contra la ex mandataria el fin de semana y anunció que la gratuidad en las universidades propuesta por la ex directora de ONU Mujeres incluye a las universidades privadas.

La coordinadora de educación del comando de Michelle Bachelet, Valentina Quiroga, salió al paso esta mañana a las críticas que Andrés Allamand lanzó contra la ex mandataria el fin de semana y anunció que la gratuidad en las universidades propuesta por la ex directora de ONU Mujeres incluye a las universidades privadas.

Entrevistada en Radio Zero, Quiroga dijo que “Me impresiona la campaña del terror que han iniciado ellos: lo que dice el candidato Allamand es absolutamente falso”.

Según la encargada de educación de la candidata del PS,PPD,PC, MAS e IC, “estamos planteando una reforma a la profesión docente en base al trabajo que en gobiernos anteriores se ha tenido con el colegio de profesores […] Que esta profesión sea de las más prestigiosas y más valoradas en todo sentido en el país”.

En la misma línea, la profesional le contestó al candidato de Renovación Nacional manifestando que “nosotros entendemos la libertad de enseñanza de una manera distinta a como la entiende Allamand. Nosotros endentemos la libertad de enseñanza como la libertad de los padres para poder elegir un proyecto educativo para sus hijos. Andrés Allamand entiende la libertad de enseñanza como la libertad de emprendimiento de los privados para poner establecimientos y seleccionar a sus propios alumnos”.

De acuerdo a Quiroga “El estado tiene que garantizar calidad porque no puede ser que las familias elijan establecimientos porque uno es bueno y otro es malo”

Consultada por Patricio Fernández, director de The Clinic, respecto a si la gratuidad involucraba solo a universidades públicas, Quiroga contestó que “No, de gratuidad en la educación universitaria”.

Fernández le contrapreguntó si una persona que “va a la Universidad Adolfo Ibáñez va a ir gratis”, a lo que Quiroga sostuvo que “Efectivamente, nosotros, a ver… esto también va a ser algo paulatino. Lo que pasa es que a veces cuando uno habla solo de gratuidad se pierde el contexto, porque uno piensa que es el mismo sistema que tenemos hoy día, pero completamente gratuito. Nosotros estamos haciendo varias reformas que tienen que ir obviamente conversando y de la mano. Hay gente que dice “si es que yo hoy día me imagino esto gratis, la cuestión no funciona, como que no cuadra” y lo que nosotros estamos proponiendo primero es subir fuertemente los estándares de calidad, la acreditación tiene que ser obligatoria para todas las instituciones de educación superior, tiene que haber reglas mucho más claras sobre los temas de financiamiento, del uso de los recursos en estas instituciones”.

PF: Pero una universidad que no recibe fondos del estado, ¿por qué va a ser gratis?.

VQ: Porque nosotros lo que pensamos es que la idea que hay detrás de cuando cada uno paga el 100% de su propia educación, eso entiende la educación como algo que yo puedo ir y comprar es algo que yo pago y por lo tanto tengo un contrato entre privados y yo exijo algo a cambio. Lo que nosotros entendemos es que la educación no es un bien de consumo, sino que es un derecho social y no con beneficios solamente para los individuos que acceden a la educación, sino que con beneficios sociales, no es solo la persona la que gana…

PF: No me termina de quedar claro si se va a gastar más plata en las universidades públicas, se van a acabar las universidades privadas, las privadas van a estar obligadas a no cobrar, de qué se trata esto.

VQ: Es gratuidad universal para educación superior.

PF: O sea que si mi hijo se inscribe en la Universidad Diego Portales no va a pagar.

VQ: No va a pagar.

PF: No sé cómo va a llegarse a eso

VQ: Lo que nosotros vamos a hacer es ir subiendo los estándares de calidad de todas las universidades y a medida que vayamos asegurando que no existe lucro, que se están cumpliendo todos estos estándares de mayor exigencia de calidad, el Estado va a ir financiando a esas instituciones.

Rafael Gumucio: ¿Esa plata va al alumno o a la institución?

VQ: A la institución.

RG: O sea que yo abro una universidad y mañana me la va a terminar pagando el estado.

VQ: Ojo, existen mecanismos para fijar los costos en los que incurren las instituciones realmente por educar. Hoy día uno ve los aranceles en la educación superior y son tremendamente elevados y esos aranceles están siendo financiados principalmente, como en ningún otro país en el mundo, por las familias. Entonces, nosotros estamos apostando a entender la educación como un derecho social y estamos subiendo las exigencias y que el estado vaya aportando los recursos para financiar el sistema. Nuestra propuesta pone a la educación pública en un eje central. Además de educación pública, hemos puesto segregación y la educación pública es una tremenda herramienta para abordar ambos objetivos .

Escucha el audio completo de Radio Zero

vía The Clinic Online.

 
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Publicado por en 17 junio, 2013 en Política

 

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El regreso del Comandante Conejo: “A las privadas les falta una cultura de movilización”

Juan Carlos Herrera, el comandante Conejo, fue uno de los líderes más radicales de la generación que protagonizó la revolución pingüina del año 2006. Siete años después egresó de sociología en la Universidad Católica Silva Henríquez y hoy regresa a la arena política del movimiento estudiantil asesorando a la asamblea del Movimiento de Estudiantes de Educación Superior Privado (MESUP), que el jueves pasado organizó una marcha por la estatización de la Universidad del Mar.

Foto: Alejandro Olivares

¿Cómo lo hiciste para financiar tus estudios?
Comprando menos cosas para la casa. Yo pago algo y el resto me ayudan mis viejos. En total son 220 mil pesos mensuales. Vendo cosas en la universidad y a veces tomo pegas en sociología por un par de meses. No quise crédito para no encalillarme 20 años. Es algo que se ve mucho en los estudiantes de las privadas. En mi universidad el 45% de los estudiantes deserta de la carrera al tercer año porque no tiene para pagar. Hoy existe un sistema educativo que tiene una alta rotación de estudiantes y muy bajo nivel de egreso porque el sistema funciona como empresa. No hay garantías para una continuidad de estudios porque el no pago es un criterio de exclusión del sistema educativo.

¿Qué otros vicios has percibido en estos años?
Mónica Jiménez, por ejemplo, es parte del consejo de mi universidad, que es salesiana y tiene administradores de la DC que deciden y cortan. Tenemos también a Pato Rosende, acusado del caso tsunami, como encargado jurídico de la universidad y acaba de expulsar a más de 10 estudiantes por participar en movilización.

¿Persecución política?
Son las medidas de represión que están instalando en el sector de las privadas para contener este aire de organización que se está generando.

¿Cuántas universidades privadas se están organizando?
Estamos trabajando con la Alberto Hurtado, la Arcis, la Academia de Humanismo Cristiano, la Santo Tomás, la Central y la Autónoma. Las universidades privadas hoy tienen casi el 70% de la matrícula de educación superior, pero les falta una cultura organizativa de movilización y tomas. Su capacidad orgánica no le permite disputar con las tradicionales que tienen organizaciones constituidas desde su fundación. Las privadas cuentan con leyes que les permite expulsar a los estudiantes por organizarse y sancionarlos con suspensión de matrícula.

¿Por eso exigen su democratización?
El primer objetivo fue conformar un programa de nuestras intenciones políticas, que aparte de la estatización y la gratuidad, intenta dibujar el modelo que queremos para el país. Otra necesidad inminente es construir organizaciones al interior de las universidades y para eso necesitamos obviamente que existan condiciones más democráticas.

¿Crees que la Confech debiese ampliar su registro de captación de federaciones?
La tarea de organizar a este sector es de las universidades privadas, por lo mismo estoy trabajando con el MESUP. Hoy, dentro de Confech, hay una serie de organizaciones que se la están jugando en el plano de levantar sujetos para las campañas electorales. La Confech hoy es una plataforma mediática para todas estas organizaciones.

Y particularmente de los partidos.
Sí, aunque el Partido Comunista ha perdido capacidad al interior del Confech, por eso no ha podido conducir desde ahí, pero hay otras organizaciones que conducen y que tienen un claro interés en levantar disputas electorales a futuro, más que aumentar la capacidad de organización de los estudiantes.

¿Te refieres a Camila y Giorgio…?
Para ellos ha resultado lógico, pero van a terminar todos cooptados por la dinámica de la política más dura ¿Qué van a hacer los cabros cuando tengan el presupuesto de diputados? Hay un interés en ellos de generar carreras políticas que va a estar muy disociado de la dinámica de la movilización.

¿Qué pensaste cuando Camila Vallejo anunció su candidatura?
Lo primero que pensé es que tiene muchas posibilidades de ganar. Pero lo que me parece preocupante es que el PC, un partido que se llama comunista, se integre de manera tan formal a la Concertación.

¿Qué te preocupa?
El nivel de institucionalización que le da la izquierda. Creo que los comunistas una vez más están equivocando su línea política respecto a su línea ideológica. Podríamos enumerar una serie de hechos en que la militancia ha pagado los costos de las decisiones políticas del partido. Esta vez no será distinto, al menos que se integre de tal forma que, en un tiempo más, tenga que cambiarse el nombre.

¿Y que piensas de la irrupción de Giorgio Jackson con Revolución Democrática?
Es un interés parecido al que tiene el mismo PRO o la Izquierda Autónoma, es el interés de construir Social Democracia en Chile, el interés de construir esa política europea en Chile.

Pero, al menos, sirvió para sacar a Labbé de Providencia
No creo que hayan sido los progresistas quienes lo sacaron. Las decisiones de voto de la gente recaen en el carisma de los que van a la elección, no tiene que ver con que la gente elija entre derecha e izquierda. Tan vaciado de debate político ha sido el sistema electoral chileno que la gente elige de acuerdo al carisma.

Cómo ha sucedido con el silencioso regreso de Michelle Bachelet…
Es una carta más pero, en términos estructurales, Chile no va a cambiar nada ¿Qué podría hacer Bachelet hoy en el país con la configuración parlamentaria que existe? Abrir un par de programas más, meter más enfermedades al AUGE, aumentar el presupuesto de vivienda, pero nada más.

¿Ni siquiera abrirse a una nueva Constitución, como sostuvo hace poco?
Uno puede lanzar muchas iniciativas a través de las cámaras pero eso no significa que produzcan algo. Las consignas han sido bastante genéricas. Bachelet se presenta sin un programa definido políticamente. Ella no puede conciliar entre la DC y el PC. Quien esté en el sillón presidencial lo único que puede hacer es administrar el modelo. Más allá de un par de bonos, modificar el presupuesto, no cambiará nada.

¿Qué entiendes por nueva mayoría?
La nueva mayoría es un “quitémosle el puesto a la derecha”. Existe un bloque que está en contra de la UDI y RN, pero que no tiene un proyecto político común. Ninguno de los militantes sabe cuál es esa nueva mayoría, bajo qué proyecto, qué plataforma. Chile nunca ha construido un proyecto país, entonces, es más bien un pegoteo de partidos que quiere quitarle el lugar a la derecha.

¿Te agrada algún candidato?
No.

El modelo

¿Cómo definirías a la generación del 2006 ?
Es una generación muy marcada en centrar los conflictos sociales dentro del plano estudiantil. Algo que aún se mantiene. El único sujeto que puede dinamizar el escenario nacional son los estudiantes. Es una lectura, en el fondo, de sensibilidad.

¿Fueron ingenuos?
Yo creo que no. En general la desconfianza siempre estuvo y, más que ingenuos, nos sobredimensionamos. Lo que sucede es que cuando comienzan las tomas se transforman en un espacio de convivencia comunitario que no había existido desde los 80. El estar juntos y hacer cosas generó una sensación de empoderamiento que nos permitía proyectar más allá de lo que realmente podíamos. No sé si eso sea ingenuidad. Creo que fue algo propio de la experiencia del momento.

¿Cómo lo vivieron?
Si el enemigo antes fue Pinochet, después fue la economía con sus estructuras de desigualdad y segregación. El problema de nuestra generación fue como el mercado aplastó y condicionó la forma de relacionarnos.

¿Se sintieron traicionados?
No, yo renuncié al Consejo Asesor en mi calidad de vocero porque creí que era equivocada la posición del ACES.

Olfateaste que les iban a pasar gato por liebre…
Sí, pero como el Partido Comunista logró hegemonía en la movilización estudiantil, querían mantenerse ahí para tener la tribuna mediática y nosotros rechazamos esa posición. De hecho nos bajamos como bloque muchas organizaciones dentro de los estudiantes del consejo asesor y de la coordinación del ACES.

¿Qué piensas de los dirigentes que fueron reclutados por diversos partidos?
Fue una pena porque uno conocía a los cabros y sabía que estaban ahí con buenas intenciones en un principio. No sé si uno podría entrar a juzgar. Los partidos a los chiquillos les hicieron buenas ofertas, que hicieran carreras políticas y dejaran de ser pobres.

¿Te ofrecieron militancia…?
Siempre he sido cerrado a discutir con los partidos políticos. Nunca me he sentado a una bilateral con ellos pero he recibido hartas recomendaciones, de la Concertación sobre todo, porque la derecha no creo que me quiera mucho.

Pero algunos compañeros tuyos lograron capitalizar la vitrina del movimiento…
No sé si diría compañeros, porque en general nosotros siempre fuimos de bloques distintos. Creo que ellos vieron la oportunidad de desarrollar un proyecto de vida. No creo que los chiquillos se metieran al sistema con tal de reformarlo porque dentro de los marcos del sistema los acuerdos los corta el empresariado y los partidos políticos.

César Valenzuela hace poco inauguró un preuniversitario con el nombre de Bachelet…
Yo no creo que el César haya luchado contra Bachelet. El César estaba ahí porque al Partido Socialista le interesaba tener un dirigente en una movilización importante. Ahora, ¿cuánto se demorará el César en implantar un bloque que lleve a una reforma? Yo creo que eso no está en sus expectativas.
Los chiquillos por mucho que traten, no sé qué tipo de reformas van a implementar.

Karina Delfino ahora es concejala por la Concertación…
En ese tiempo ella no militaba pero igual iba a las reuniones socialistas. Sólo le faltaba el carné. Con ninguno de ellos tuve cercanía ideológica salvo con la María Jesús (Sanhueza) que podíamos acordar más cosas.

En ese momento te tildaron como el más rojo de los voceros…
Sí, yo creo que era el más a la izquierda de los voceros.

¿Cómo ves el resurgimiento de los pingüinos?
Han tenido una expansión organizativa positiva con muchas más organizaciones de las que hubo el 2006. Pero tienen un problema de cohesión muy fuerte por determinar quién conduce. Hoy el ACES tiene una propuesta de desarrollo comunitario que si uno la mira bajo el agua, más allá de la consigna, es interesante.

¿Qué piensas de Eloísa González?
Como militante social que nació dentro de la política estudiantil sobredimensiona un poco la capacidad de su propia organización. El ACES hoy no tiene la capacidad de movilizar a todo el sector secundario. Hay que tener cuidado en eso. Yo creo que peca de agitar demasiado. Como sujeto político la encuentro correcta e interesante. No tengo muchas discrepancias en cómo ellos entienden las necesidades del Chile actual.

¿Qué otros problemas vislumbras en el movimiento estudiantil?
El problema es involucrarse en lo cotidiano de la gente. Hay algo muy disociado de lo cotidiano y que está en clave en los sectores más ideologizados de la izquierda. Hoy la movilización que más prende es la del Confech, que con la demanda de gratuidad, le ofrece algo a la gente que es tener una deuda menos y por algo saca 100 mil personas a la calle.

¿No deja de ser una oferta, dices?
Eso es…

¿Quién puede capitalizar el movimiento por la educación?
Hay muy pocas propuestas políticas dentro de los movimientos sociales, por eso encontramos una efervescencia espontánea, dispersa, que no actúa de manera conjunta porque carece de propuestas.

¿Qué te parecen las marchas de hoy?
Hay un problema en las marchas, como no hay una propuesta y es netamente una convocatoria, su único fin es demostrar que la Confech existe. La marcha se ha carnavalizado, mueven a 100 mil personas pero el Confech no se enfrenta al poder ni a los espacios institucionales. Hace mucho tiempo que una marcha no termina frente del ministerio de Educación y, por lo tanto, éste ha dejado de ser un actor dentro de la discusión de la problemática educacional.

Al menos han planteado el tema del lucro que antes ni siquiera se tocaba…
Yo creo que el problema no es el lucro sino como el Estado no tiene una estructura que dé cobertura al sistema de educación superior. Los estudiantes y sus familias tienen que entrar obligatoriamente a una institución privada donde los dueños de las universidades intentan generar ganancias porque son empresas y están normados así. El lucro entonces pasa a ser un problema de cómo hoy se construye el modelo de educación. En el fondo el problema es el modelo. Si a la mayoría de las universidades tradicionales ingresan los quintiles más altos de la población, para el resto la única forma de obtener un acceso a la educación es mediante el sistema privado. Eso no es una elección, es la única forma de estudiar.

Bachelet propone que paguen los que pueden hacerlo… ¿que te parece?
Estoy de acuerdo con eso, el que tiene para pagar que pague, pero también allí hay que ver cómo paga. ¿Por qué no cobrarle a las grandes empresas un impuesto más alto? ¿Por qué no nacionalizar los recursos naturales? Más allá que si lo ricos quieren tener su proyecto ideológico allá en la Universidad del Desarrollo, u otra, que lo tengan. El tema es que hay una serie de universidades que son empresas y que lucran con plata del Estado.

¿Que te pareció el cierre de la Universidad del Mar?
Es una pena, pero el gobierno jugó bien porque lo usó como chivo expiatorio para no asumir el problema del modelo económico en educación superior. Como no estaban haciendo la pega bien, fue una jugada mediática. Pero me parece más preocupante la situación de los estudiantes que, con todo este tema de reincorporarlos a otra casa de estudios, les restó capacidad de movilizarse. Fue una jugada bien ejecutada por parte del Gobierno.

¿Qué debería pasar con los estudiantes de la Universidad del Mar?
Debería haber una condonación de la deuda de todos los estudiantes y una indemnización para todas esas familias.

vía The Clinic Online.

 
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Publicado por en 16 mayo, 2013 en Política

 

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